“Ver el mundo en blanco y negro nos aleja de la moderación y de la paz interior porque la vida, por donde se mira, está compuesta de matices.

Querer imponer al universo nuestra primitiva mentalidad binaria no deja de ser un acto de arrogancia y estupidez.”

Walter Riso.

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martes, 23 de septiembre de 2014

“La reforma de la iglesia desde la opción por los pobres”



Del 4 al 7 de septiembre de 2014 hemos celebrado en Madrid el 34 Congreso de Teología sobre “LA REFORMA DE LA IGLESIA DESDE LA OPCIÓN POR LOS POBRES”, que ha reunido a personas procedentes de los diferentes países y continentes, culturas y religiones, en un clima de reflexión, convivencia fraterno-sororal, diálogo e intercambio de experiencias.
  1. Comenzamos nuestra reflexión con la pregunta “¿fundó Jesús la Iglesia?”. La respuesta es que puso en marcha una comunidad de iguales, un movimiento de hombres y de mujeres, que le acompañaron y se comprometieron en la construcción del Reino de Dios como Buena Noticia para los Empobrecidos. Dicho movimiento continuó en las comunidades cristianas con responsabilidades compartidas y especial protagonismo de las mujeres. En ellas se tomaban las decisiones con la deliberación de todos sus miembros y se tenía como ideal la comunidad de bienes. Con el paso del tiempo este ideal fue desdibujándose hasta desembocar en  una Iglesia aliada con el poder, clerical, piramidal y patriarcal, si bien hubo siempre colectivos que trabajaron por la reforma y y el retorno al ideal evangélico de vida.
  2. Hoy consideramos necesaria una Reforma radical de la Iglesia, conforme al movimiento de Jesús y como respuesta a los desafíos de nuestro tiempo. Dicha Reforma requiere la práctica de la democracia, el reconocimiento y ejercicio de los derechos humanos, entre ellos los derechos sexuales y reproductivos, así como el gobierno sinodal, vigente durante los primeros diez siglos del cristianismo, con la participación del laicado, que es la base de la Iglesia, para así superar la “incoherencia vaticana”, que consiste en defender los derechos humanos y la democracia en la sociedad y no aplicarlos en su seno.
  3. Creemos que la Reforma de la Iglesia ha de traducirse:
    • en el respeto a la laicidad, la crítica del poder y el compromiso con los sectores más vulnerables;• en la denuncia del neoliberalismo, que el papa Francisco ha calificado de “injusto en su raíz” ya que fomenta “una economía de exclusión”, “una globalización de la indiferencia”, “una nueva idolatría del dinero”, un medio ambiente “indefenso ante los intereses del mercado divinizado,” y una incapacidad para “compadecernos ante los clamores de los otros”;
    • y en el apoyo a alternativas políticas y económicas, propuestas por los Foros Sociales.
  4. La Reforma de la Iglesia requiere el respeto a la diversidad cultural y religiosa,  Lo contrario sería imperialismo. Consecuente con esa actitud el Congreso de Teología ha escuchado las voces, los testimonios y las interpelaciones de las iglesias del Sur, sobre todo las procedentes de África y de América Latina, que reflejan su riqueza cultural, sus potencialidad liberadora y sus propuestas de Reforma. Escucha que implica cambiar la manera de pensar, de vivir, de producir, de relacionarse el Norte con el Sur, una relación no opresora sino co-operadora, no arrogante sino servicial, no colonizadora, sino decolonial.
  5. La Reforma ha de hacerse desde abajo, desde la base social y eclesial, y exige una nueva ubicación: situarse en el lugar y del lado de los excluidos del sistema, que son escandalosamente mayoría en la población mundial y que están creciendo por mor de la crisis. Requiere, asimismo, un horizonte que la oriente: la Iglesia de los pobres, y un principio ético-evangélico a seguir: la opción por los pobres.
  6. La Reforma de la Iglesia debe ser inclusiva, ha de superar las discriminaciones y exclusiones todavía vigentes y operantes por razones de género, religión, cultura, etnia, clase social, orientación y opción sexual, opción política, procedencia geográfica, relaciones de pareja, y crear una comunidad acogedora, solidaria y samaritana, donde quepamos todas y todos.
  7. Esta Reforma ya está haciéndose realidad en los diferentes ámbitos religiosos, eclesiales y sociales, como han mostrado las enriquecedoras experiencias narradas por los propios protagonistas: en el mundo rural compartiendo las luchas por la dignidad del campesinado, el reparto equitativo de la tierra y las relaciones eco-humanas; en la inmigración luchando por la liberación de las mujeres indígenas; en las cárceles ayudando a las presas y los presos a recuperar la libertad y la alegría de vivir; en las comunidades de base viviendo la fe cristiana en el horizonte de la laicidad; en la lucha solidaria contra los desahucios; en el ministerio episcopal y sacerdotal construyendo la Iglesia de los pobres bajo la guía de la teología de la liberación; entre los jóvenes indignados con el modelo de Iglesia autoritaria y de sociedad que los margina.
  8. Si la Reforma de la Iglesia no se lleva a cabo, ella misma se estará haciendo el harakiri, y no podrá responsabilizar a otros de su crisis y gradual pérdida de credibilidad. Si se hace de espaldas a los marginados, estará siendo infiel a sus orígenes  y a los pobres. Si no es paritaria, inclusiva, intercultural e interreligiosa se alejará del movimiento de Jesús y del principio igualitario formulado nítidamente por Pablo de Tarso: “Ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, hombre o mujer” (Gálatas 3,26).
  9. Amigas y amigos, estamos llamados a la tarea de la Transformación de la Iglesia, pero no aisladamente, sino en sintonía los movimientos sociales, ecológicos, religiosos y de espiritualidad liberadora. Para ello necesitamos, como dice la canción, todas las manos, las negras y las blancas, y extenderla lo más posible, desde la playa hasta el monte, desde el monte hasta la playa, con la mirada puesta en el horizonte, camino hacia la utopía.
  10. No podemos terminar este Mensaje sin denunciar el terrorismo del Estado Islámico, la masacre de Israel en Gaza, así como la violencia contra los cristianos y otros grupos religiosos. Nos solidarizamos con las víctimas y exigimos responsabilidades, reparación, rehabilitación y justicia.
Madrid, 7 de septiembre de 2014

miércoles, 3 de septiembre de 2014

LA COMUNIÓN ANGLICANA EN AMÉRICA LATINA.



Se puede decir que, en general, la Comunión Anglicana rehusó la labor misionera en toda América Latina por considerar ese territorio católico romano. La única excepción fue la isla de las Malvinas o Falkland, colonia británica, allí la acción misionera era justificada por no haber llegado la evangelización de la Iglesia Católica. Tan firme era esa decisión que incluso en el siglo XX, cuando se trazaban los planes para la Conferencia Misionera Internacional de Edimburgo en l910, la Comunión Anglicana insistió en que se debía excluir el misionar en América Latina, puesto que ese territorio pertenecía a la Iglesia de Roma. 

Sin embargo, los obispos de la Comunión Anglicana en la Conferencia de Lambeth en l958, reconocieron la necesidad de incrementar el trabajo entre los latinoamericanos y la creación de nuevas y pequeñas diócesis o distritos misioneros. Y en la Conferencia de Lambeth de julio de 1988, Robert Runcie, Arzobispo de Cantórbury dijo desde el púlpito de la catedral: "Hasta hace poco tiempo, el Anglicanismo era para personas de ojos azules y cabello rubio; pero hoy ya eso no es más una verdad y es el patrimonio de todas las razas". 

Y es que, la Comunión Anglicana, de una manera u otra, se vio envuelta en misiones en países latinos. Las causas de esa presencia misionera son, entre otras, las capellanías creadas para atender espiritualmente al cuerpo diplomático inglés que, con el imperio británico, se infiltró en América Latina. Así mismo se crearon capellanías para servir a empleados de compañías tanto británicas como norteamericanas: compañías del ferrocarril por toda América Latina, de construcción del Canal de Panamá, la compañía frutera por Centro América, y otras. Incluso se da el caso de tener capellanías para piratas. Dice Ennis Duffis en su artículo Capellanía en Centroamérica que "algo que no se puede obviar de esa época es que los aventureros, piratas y colonizadores, eran muy ´religiosos´, y a donde iban allí llevaban su religión. Por ejemplo, se cuenta que el pirata Henry Morgan, ´frecuentemente llevaba un capellán a bordo de su barco para invocar la bendición de Dios sobre sus aventuras". 

La Comunión Anglicana en América Latina comprende: 
Cinco Provincias 
1. La Iglesia Episcopal Anglicana de Brasil 
2. La Provincia del Cono Sur
3. La IX Provincia de Estados Unidos (ECUSA) 
4. La Iglesia Anglicana de la Región Central de América 
5. La Iglesia Anglicana de México 
Además: La Iglesia de Cuba y La Diócesis de Puerto Rico 

Todas las capellanías y presencia anglicana estuvieron a cargo de ingleses o norteamericanos hasta entrados los años sesenta del siglo XX. Fue en esos años cuando se formaron las diócesis latinas a cargo de obispos y clérigos latinos. Tenemos pues, que el anglicanismo hispano es prácticamente un bebé. Estamos dando los primeros pasos. 

1901 Distrito Misionero de Cuba 
1901 Distrito Misionero de Puerto Rico 
1904 Distrito Misionero de México 
1919 Se establece la Diócesis Misionera del Canal de Panamá, bajo EE.UU. 
1946 Diócesis Misionera del Canal de Panamá (Panamá, Costar Rica y Nicaragua) 
1957 las capellanías de Guatemala, Honduras y El Salvador pasan a la Iglesia Episcopal; 
Se creó la Diócesis de América Central, bajo el obispo David E. Richards.

Formación en diócesis
1961 Diócesis Misionera de la República Dominicana 
1963 Diócesis de Venezuela 
1964 Diócesis de Colombia 
1967 Diócesis Misionera del El Salvador 
1967 Diócesis Misionera de Honduras 
1967 Diócesis Misionera de Puerto Rico 
1968 Diócesis Misionera de Nicaragua 
1970 Diócesis de Ecuador Central, Adrián Cáceres 
1972 Diócesis del Centro y Sur de México 
1972 Diócesis del Norte de México 
1972 Diócesis de Occidente de México 
1989 Diócesis del Centro de México 
1989 Diócesis del Sur de México; 
El primero obispo mexicano y primero de habla hispana en la Comunión Anglicana, fue Efraín Salinas y Velas, consagrado en 1931. 
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Religión, Homosexualidad y Activismo

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