“Ver el mundo en blanco y negro nos aleja de la moderación y de la paz interior porque la vida, por donde se mira, está compuesta de matices.

Querer imponer al universo nuestra primitiva mentalidad binaria no deja de ser un acto de arrogancia y estupidez.”

Walter Riso.

jueves, 13 de octubre de 2011

ONCE MENTIRAS EN CONTRA MATRIMONIO HOMOSEXUAL.



1. “El matrimonio se define como la unión entre un hombre y una mujer. No solo lo dice la religión sino lo demuestra la Historia.”
Cada religión instituye un tipo de matrimonio y el modelo ‘un hombre y una mujer’ no es universal ni lo ha sido históricamente. Según distintas religiones pueden casarse un hombre y varias mujeres, una mujer y varios hombres y en algunas culturas existen los matrimonios entre personas del mismo sexo. Cada religión es libre de poner sus propias normas matrimoniales.
En todo caso, el matrimonio civil ha ido cambiando tanto a lo largo de la historia que hoy resultaría irreconocible para alguien de apenas hace cien años. El matrimonio ha ido incorporando los cambios sociales y esa es la razón de que aun hoy sea tan valorado. De haberse mantenido como en sus primeros siglos hoy no lo contraería nadie. Por ejemplo, durante toda la historia y hasta el siglo XIX fue indisoluble; hasta el XX la mujer era una posesión del marido; y los matrimonios interreligiosos, interétnicos o entre libres y esclavos/as estuvieron prohibidos. El matrimonio es un contrato cuyo contenido lo fija la sociedad de la que emana en cada momento.
2. “Que tengan los mismos derechos que las parejas heterosexuales, pero sin llamarlo matrimonio. ¿Por qué no le buscamos otro nombre? No es discriminatorio llamar con nombres distintos a dos realidades que son distintas.”
El nombre es muy importante. Nos importan mucho los derechos, pero nos importa sobre todo, la igualdad y ésta sólo se puede conseguir llamando igual a lo que es igual. Llamarlo distinto sólo demuestra la voluntad de señalarlo como diferente y teniendo en cuenta de donde partimos, esa diferencia nos señala como inferiores. Imaginad que cuando se casara una pareja de otra etnia se le diera otro nombre; eso sólo se entendería desde la voluntad de discriminar. Y, además, vamos a darle la vuelta al argumento, si es igual ¿por qué le llamamos distinto? Si es igual y da los mismos derechos ¿por qué vamos llamar de dos maneras a una institución igual?
3. “Los niños tienen derecho a un padre y a una madre. El padre y la madre cada uno por su parte le proporcionan al hijo/a valores distintos, necesarios e irremplazables.”
Ninguna teoría psicológica seria afirma eso. Es más, hasta el siglo XX los niños y niñas se criaban sin que el padre tuviera nada que ver en su educación y en la mayoría de los casos ni siquiera estaba presente ya que los hombres muy a menudo estaban ausentes de las familias por guerras, trabajos fuera de casa o porque no era cuestión del padre participar en la educación de los niños. Tradicionalmente los niños han sido criados por las mujeres: criadas, nodrizas, niñeras, madres, abuelas o profesoras. En todo caso, las figuras masculina y femenina las tienen todos los niños no necesariamente a través de padre y madre: hay abuelos y abuelas, primos y primas, tíos y tías, profesores y profesoras, amigos y amigas, vecinos de ambos sexos etc. Los niños y las niñas viven en un mundo lleno de hombres y mujeres.
4. “El matrimonio entre personas del mismo sexo es un atentado contra la institución de la familia, uno de los pilares de nuestra sociedad.”
¿En qué puede perjudicar a una familia tradicional que se incorpore a esta definición otro tipo de familia? ¿Qué le quita? Lo cierto es que la familia ha sobrevivido porque se ha ido adaptando a lo que la sociedad pide en cada momento. Si hoy el divorcio estuviera prohibido, se casaría mucha menos gente. La familia cambia, se adapta a lo que se pide de ella y gracias a eso ha sobrevivido siendo aun hoy una institución muy valorada. Seguirá siendo muy valorada en la medida en que se ajuste a lo que la sociedad le demanda en cada momento y en la medida en que refleje los cambios sociales.
5. “Las relaciones entre personas del mismo sexo son más inestables que las relaciones heterosexuales. ¿Para qué concederles el matrimonio si solo van a acabar divorciándose?”
No hay ningún dato que permita avalar que las parejas del mismo sexo se divorcian más que las de distinto sexo. La idea de la promiscuidad es un prejuicio basado en el desconocimiento. Los datos están ahí, no nos divorciamos más porque somos como todo el mundo.
6. “La homosexualidad es una condición adquirida y a veces simplemente una moda. El matrimonio entre personas del mismo sexo promociona la homosexualidad en la sociedad, cuando deberíamos ayudar a las personas homosexuales a superarlo.”
La homosexualidad no se puede superar ni se debe intentar siquiera, no es una enfermedad ni una moda, sino una condición natural de las personas que ha existido siempre. Hoy día todas las organizaciones nacionales e internacionales de medicina y psicología asumen que la homosexualidad y la bisexualidad son tan naturales como la heterosexualidad. El matrimonio entre personas del mismo sexo no puede promocionar nada que no esté ya en los individuos.
7. “La reivindicación del matrimonio entre personas del mismo sexo busca desestabilizar las instituciones sociales desde la rabia y la venganza, ya que las personas LGTB se consideran “victimas” de los malos tratos de la sociedad.”
En realidad, las personas LGTB hemos sido y aun somos víctimas. Hasta hace pocos años aun se nos encarcelaba y en varios países del mundo la homosexualidad se castigo con penas de prisión o de muerte. En muchos países sufrimos niveles de violencia intolerables, en la mayoría de los países estamos aún luchando por derechos básicos que no se le niegan a nadie, como el de formar una familia; y siempre estamos en todo caso a merced del insulto o la discriminación. Aún así, nuestra lucha ha sido siempre pacífica y centrada en convencer a la sociedad de que somos personas igual que las demás. Jamás hemos utilizado ni la violencia, ni la segregación, ni la discriminación, ni los insultos contra nadie. La nuestra es un ejemplo de lucha pacífica y cívica.
8. “Niños con padres y madres homosexuales tienen más probabilidad a desarrollar la homosexualidad.”
Ningún estudio avala eso. Si los homosexuales fuesen hijos de homosexuales, ¿de dónde salen casi todos los homosexuales que hoy tenemos más de veinte años? No, la orientación sexual no tiene nada que ver con el tipo de familia en la que uno se eduque. La homosexualidad no se “desarrolla” de ninguna manera. En todo caso pensamos, evidentemente, que ser homosexual o bisexual es tan bueno como ser heterosexual.
9. “La homosexualidad es respetable pero debería reservarse al ámbito privado. Institucionalizarlo es un error.”
La sexualidad, lo que cada uno haga en la cama es privado. Los derechos que la sociedad asocia a las personas en virtud de formar parte de unidades familiares, son un asunto público y de derechos. Hasta ahora las personas tienen acceso a determinados derechos: pensiones, herencias, filiación… en virtud de su heterosexualidad, que no es privada, sino que está institucionalizada. Sólo pedimos igualdad de derechos.
10. “El objetivo del matrimonio es la reproducción y la continuación de la especie humana. La reproducción es imposible mediante la unión entre dos personas del mismo sexo y por tanto no puede llamarse matrimonio.”
El objetivo del matrimonio no es la reproducción, ninguna ley dice eso. Por eso pueden casarse personas estériles o personas mayores para ser padres o madres, o por eso se permite que se casen personas que han decidido no tener descendencia y por eso a nadie se le pregunta si van o no a tenerla. En cambio sí que se les pregunta si van a vivir juntos o si van a apoyarse y ayudarse. El objetivo del matrimonio civil es prestarse ayuda mutua y acceder a determinados derechos que la sociedad ofrece a las personas que se casan.
Por otra parte, la reproducción biológica no goza de ningún estatus especial respecto a, por ejemplo, la adopción. Ambas son iguales ante la ley y la sociedad. Hoy día además de la adopción existen múltiples posibilidades para ser padres o madres, desde la reproducción asistida hasta la gestación subrogada; posibilidades que están al alcance de las personas homosexuales, bisexuales y heterosexuales.
11. “Las personas homosexuales y bisexuales seguirán teniendo derecho al matrimonio, como el resto, tendrán el derecho a casarse con una persona del sexo opuesto.”
En el caso de las personas homosexuales ese derecho es en la actualidad un derecho vacío ya que hoy el matrimonio se contrae sobre la base del amor. Tanto es así que si hicieran uso de él y se casaran con personas de distinto sexo sería en muchos casos un fraude de ley ya que se casarían por motivos no válidos. De hecho, gais y lesbianas históricamente han hecho uso del matrimonio heterosexual no por amor, ni con intención de vivir juntos y formar una familia, de apoyarse y amarse, sino justamente por lo contrario, con el fin de ocultar sus verdaderos amores y sus verdaderas familias. A lo largo de la historia esto ha destrozado a muchas personas, cuando el falso matrimonio se contraía sin que los dos contrayentes conocieran la verdad.
Cortesía: Argumento de la FELGTB

martes, 11 de octubre de 2011

TERCER SEXO.


Los términos tercer sexo y tercer género sirven para describir individuos que se considera que no son ni hombres ni mujeres, al igual que la categoría social presente en aquellas sociedades que reconocen tres o más géneros.
El estado de no ser ni masculino ni femenino puede entenderse en relación al sexo, rol genérico, identidad de género u orientación sexual del individuo. En diferentes culturas (o para diferentes individuos), un tercer sexo o género puede representar un estado intermedio entre hombres y mujeres, un estado en el que se es ambos (algo así como "el espíritu de un hombre en el cuerpo de una mujer"), un estado en el que no se es ninguno, la habilidad de cambiar de género, o una categoría del todo independiente de lo masculino y lo femenino. Esta última definición es la favorecida por aquellos que argumentan por una interpretación estricta del concepto de "tercer género".
Este término se ha empleado para describir a los hijras de India y Pakistán, los mahu de la Polinesia, los muxe Zapotecas de México y las vírgenes juradas de los Balcanes, entre otros. También es utilizado por muchos grupos e individuos para describirse a sí mismos. En Occidente, las personas lesbianas, gays, transgénero e intersexuales han sido descritos como pertenecientes a un tercer sexo o género, aunque algunos ponen objeciones a esta caracterización.
El término "tercero" se entiende que suele significar "otro"; algunos antropólogos han descrito un cuarto, quinto, e incluso muchos más géneros.
TERCER SEXO EN BIOLOGÍA
En los animales que presentan un dimorfismo sexual, un pequeño número de individuos de una población no se diferenciarán sexualmente en su desarrollo en cuerpos típicamente masculinos o femeninos. Esto puede denominarse hermafroditismo o (especialmente en humanos) intersexualidad. La incidencia varía de una población a otra y también varía dependiendo en cómo se entienden la masculinidad y la feminidad. La bióloga y teórica del género Anne Fausto-Sterling propuso en un artículo de 1993 que sería más adecuado hablar de cinco sexos en lugar de dos para describir los cuerpos humanos.

EL TERCER GÉNERO EN LAS SOCIEDADES CONTEMPORANEAS
Desde por lo menos la década de 1970, los antropólogos han descrito las categorías de género en algunas culturas en las que no podían realizar explicaciones adecuadas usando un marco de referencia de dos géneros. Al mismo tiempo, las feministas comenzaron a establecer una separación entre el sexo (biológico) y el género (social/psicológico). Teóricos del género contemporáneos suelen argumentar que el sistema de dos géneros no es ni innato ni universal. Un sistema de sexo/género que sólo reconoce las siguientes dos normas sociales ha sido denominado «heteronormatividad»:
§  genitales femeninos = identidad femenina = conducta femenina = deseo de pareja masculina.
§  genitales masculinos = identidad masculina = conducta masculina = deseo de pareja femenina.

EL SUBCONTINENTE INDIO
Los hijras de la India, Pakistán y Bangladesh son probablemente la población del tipo «tercer sexo» más conocido y numeroso en el mundo actual — la organización de salud The Humsafar Trust basada en Bombay estima que hay entre 5 y 6 millones de hijras en la India. También tienen el nombre de aravani/aruvani o jogappa. A menudo, aunque de forma equivocada, llamados en inglés «eunucos», a veces nacen como individuos intersexuados o aparentemente masculinos, pero visten ropas femeninas y en general no se consideran ni hombres ni mujeres. Sólo un 8% de los hijras que visitan clínicas Humsafar son nirwaan (castrados).
La fotógrafa británica Dayanita Singh escribiendo sobre su amistad con la hijra Mona Ahmed y las diferencias entre sus sociedades dice: «Cuando le pregunté si le gustaría ir a Singapur para una operación de cambio de sexo me dijo, "Realmente no entiendes. Yo soy el tercer sexo, no un hombre intentando ser una mujer. Es problema de tu sociedad el que sólo reconozca dos sexos."»13 Movimientos sociales de hijras han realizado campañas para ser reconocidos como un tercer sexo y en 2005, los pasaportes de la India fueron modificados para tres sexos: M, F y E (para masculino, femenino y eunuco, respectivamente).

TAILANDIA
Los kathoey (en inglés a veces llamados ladyboys) son habitualmente considerados como tercer sexo en Tailandia. Sin embargo, a pesar de que un número significativo de tailandeses ven a los kathoey como un tercer sexo, otros los ven como un tipo de hombre o como un tipo de mujer.

SOCIEDAD OCCIDENTAL
Algunos escritores han sugerido que el tercer sexo surgió hacia el 1700 en Inglaterra: el sodomita masculino. De acuerdo a estos escritores, el hecho estuvo marcado por la aparición de una subcultura de hombres afeminados y sus lugares de encuentro (molly house), así como un marcado incremento de la hostilidad hacia los hombres afeminados u homosexuales. Existen personas que se describen como «pertenecientes al tercer sexo» desde por lo menos la década de 1860, coincidiendo con la aparición de los escritos de Karl Heinrich Ulrichs, continuando hasta finales del siglo XIX con Magnus Hirschfeld, John Addington Symonds, Edward Carpenter, Aimée Ducy otros. Estos escritores se describieron a sí mismos y a aquellos como ellos como «invertidos» o de sexo «intermedio», que tienen deseos homosexuales, y sus escritos abogaban por la aceptación de tales sexualidades intermedias Muchos de los precedentes que citan estos escritores pertenecen a la literatura de la Grecia clásica y sánscrita.
A lo largo de gran parte del siglo XX, el término «tercer sexo» fue una descripción popular de los homosexuales y las sexualidades no conformistas, pero tras el movimiento de liberación gay de la década de 1970 y una creciente separación de los conceptos, el término cayó en desuso entre la comunidad LGBT y el público en general.
Un movimiento social bien conocido de hombres que no se identifican como hombres ni como mujeres es el de Radical Faeries. Otras identidades modernas que cubren un terreno similar incluyen a los pangénero, bigénero, genderqueer, andrógino, intergénero, otros géneros (other gender) y de género diferente (differently gendered).
El término transgénero, que se refiere a aquellos que cambian de género, es empleado cada vez más para referirse a un género subjetivo que no es masculino ni femenino —un ejemplo reciente está en el formulario de la Harvard Business School, que da tres posibles sexos: masculino, femenino y transgénero.

CULTURAS INDÍGENAS DE AMÉRICA DEL NORTE
Las culturas indígenas de América del Norte han sido muy relacionadas con múltiples sexos, y a menudo efectivamente tienen categorías sociales de sexos que son colectivamente conocidos como dos espíritus.
El término «berdache», o también «bardaje», es considerado como muy ofensivo por muchos dos espíritus e indígenas por su origen histórico. Fue empleado por primera vez por los colonos europeos de forma despectiva, con el significado de un hombre sumiso y afeminado. El término «dos espíritus» es un calco del inglés two-spirit creado en 1990 para expresar una identidad reconocida por muchos pueblos indígenas y es preferido habitualmente como la forma más respetuosa.

Oriente Medio
§  Omán: khanith o khaneeth.
Asia-Pacífico
§  Polinesia: fa'afafine (Samoa), fakaleiti (Tonga), mahu wahine (Hawái), mahu vahine (Tahití), whakawahine (maorí) y akava'ine (Islas Cook).
§   Indonesia: waria. Además, en la cultura bugis de Célebes se han descrito tres sexos (masculino, femenino e intersexo), así como cinco «géneros» con roles sociales diferenciados.
§  Filipinas: una serie de identidades sexuales/«géneros» son habitualmente nombrados como tercer sexo en el habla popular, además de en algunos estudios académicos. Términos locales para estas identidades (que son considerados con derogatorios por algunos) incluyen bakla (tagalo), bayot (cebuano), agi (ilongo), bantut (tausug), binabae, bading — todos ellos se refieren a hombres gays afeminados o transexuales. Las mujeres son llamadas lakin-on o tomboy.
Europa
§  Balcanes: vírgenes juradas, mujeres que trabajan y visten como hombres y emplean espacios reservados para los hombres, pero no se casan.

      África
§  Etiopía meridional: ashtime de la cultura maale. Kenia: mashoga de las áreas que hablan suahelí de la costa keniana, particularmente en Mombasa.
§  República Democrática del Congo: mangaiko entre los mbo.

   América Latina y el Caribe
§  Los travestís de América Latina han sido descritos como un tercer sexo, aunque no se ven a sí mismos como tales. Don Kulick ha descrito el mundo de los travestís en el Brasil urbano como teniendo dos categorías: «hombres» y «no hombres», con mujeres, homosexuales y travestis perteneciendo a la segunda categoría.
 República Dominicana: guevedoche, niñas intersexuadas que se convierten en chicos en la pubertad, debido a una deficiencia en la 5-alfa reductasa. El mismo fenómeno es conocido como kwolu-aatmwol entre los sambia en la meseta oriental de Papúa Nueva Guinea.

Tomado de Wikipedia.


viernes, 23 de septiembre de 2011

COMUNICADO ANTE REPORTAJE EN DIARIO LA VERDAD.


IGLESIA DE LA COMUNIDAD METROPOLITANA
CARACAS VENEZUELA


COMUNICADO


“El primer embarazo de una pareja de lesbianas logrado con procreación asistida, publicado ayer en este rotativo, generó el rechazó del clero regional. William Delgado, obispo de la Diócesis de Cabimas, enfatizó que, en primer lugar, la comunidad católica no apoya  la inseminación artificial ni la fecundación in vitro, ni la transmisión de embriones”.

La Iglesia de la Comunidad Metropolitana, comunidad Cristiana Ecuménica Inclusiva hacia el Colectivo LGBTI fundada en el año 96 y entre sus objetivos están:

“La Defensa y la Promoción de los Derechos Humanos de las personas Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales velando porque estos derechos no sean menoscabados por las creencias o instituciones religiosas que invocando sus dogmas pretendan fundamentar o justificar actos discriminatorios o generar desigualdad ante la ley”.

“La familia es una unidad de convivencia  basada en el amor, la solidaridad y el
cuidarse mutuamente, potenciando el desarrollo personal de cada uno de sus
miembros. Es el amor lo que crea una familia, ni más ni menos”.

Se comprueba una vez más que, en un mundo que avanza y evoluciona acorde con el tiempo, las instituciones que se basan en dogmas de fe y en concepciones ideológicas arcaicas, rígidas y sin lógica, si no se adaptan a la evolución natural de las sociedades, van quedando rezagadas, pierden credibilidad, y hacen el ridículo en su empeño por conducir la conducta de los pueblos, basándose en la premisa de poseer “la verdad absoluta”.

Se ha presentado una idea central: la familia de hoy, el “núcleo de la sociedad”, que ha estado encargada de la administración de formas, prácticas y ritos sociales entre sus miembros, forma parte de una asignación histórica, que puede ser rastreable en la temprana modernidad; y las formas tradicionales que la caracterizan, como por ejemplo la idea de una “familia modelo”, son parte de una estructura más compleja, legitimada social y jurídicamente, que evidencia el afán hegemónico de control y dominación, mediante estrategias y dispositivos como: el matrimonio, la imposición del afecto, la “naturalización” del amor maternal, la sacralización de la herencia, etc.

Al advertir sobre las transformaciones que ha sufrido el matrimonio y la familia como instituciones y al mostrar sus transformaciones desde las ciencias sociales, se ha querido evidenciar el trasfondo formal, antes que natural, que ostenta dichas organizaciones.

 La situación de la familia de hoy no es una crisis aguda sino un proceso de cambio, pues más que ser un espacio de socialización, goza de un aval jurídico que poco a poco cambia de forma sin que las personas del común noten las implicaciones de la misma.

Contrario a lo que se cree, las intenciones por alcanzar el derecho a establecer vínculos matrimoniales entre personas del mismo sexo no forman parte de un plan para deteriorar esta institución: por el contrario, para algunos intelectuales que se han aproximado al tema de la diversidad sexual, la reivindicación del matrimonio homosexual es una forma de perpetuación de los modelos jerárquicos y hegemónicos, es decir: de repetir el modelo heterosexual que establece una asimetría entre hombre y mujer.

Es importante destacar el papel que tuvo la idea de “civilización” en el discurso de las ciencias sociales acerca de la familia. En medio de la tensión permanente entre individuo y sociedad, la familia se convierte en un recurso que permite enfrentar la incertidumbre de la exigencia social, por medio de los afectos restringidos, por la vinculación permanente a un círculo estrecho conformado básicamente por lazos de sangre y de parentesco legal.

Si partimos de comprender las reivindicaciones de los sectores discriminados por su condición sexual, como una forma de transformación social y política positiva, lo que deteriora son los cimientos más controversiales de la discriminación y de la exclusión y justamente aquellos que, al revisarse, al reconstruirse, pueden generar transformaciones sociales significativas.

Las reclamaciones por la posibilidad de generar una unión de parejas del mismo sexo, elevadas por organizaciones de apoyo a personas de sectores de diversidad sexual y de género, no solamente en Venezuela sino en buena parte del mundo occidental, son de carácter legal, más que simbólico.

El aporte de las parejas homosexuales, así como de hijos o hermanos que expresan su diversidad sexual a la institución familiar está en el desafío simbólico que presentan a la institucionalidad. Al promover mecanismos alternativos para acceder a la parentalidad –tales como: la inseminación y la fecundación in vitro, la asistencia gestacional, la multiparentalidad, etc. –, y a la transformación de la dinámica familiar, no tanto en la presencia de dos padres o de dos madres sino en la apertura a espacios de diversidad y el reconocimiento temprano de la diferencia, se convierte en un potente contradictor de las tradiciones que convierten estos vínculos en esquemas de discriminación y exclusión.

A lo largo de la historia, el poder se ha erigido sobre las diferencias en torno a lo sexuado y lo sexual y las teorías de género perciben en su mayoría el género y la sexualidad ligadas históricamente y también ligadas en forma intrínseca. 

La diversidad debe entenderse como un hecho de la sexualidad humana y no puede interpretarse como marginalidad, perversidad o anormalidad.

Debe reconocerse la diversidad como derecho a la diferencia, a la ambigüedad y a la singularidad de cada ser humano. No habrá democracia verdadera sin este reconocimiento. El estudio cuidadoso de la sexualidad se refleja en los diversos movimientos que han surgido y surgen contra la imposición binaria de la sexualidad como forma de identidad plasmada jurídicamente  con base en el sexo anatómico (biológico) que desconoce otros componentes como género (social) y erotismo (atracción por el otro).

Los científicos dicen: Existen una amplia evidencia que muestra que los menores criados por progenitores del mismo sexo se desenvuelven igual de bien que aquellos criados por progenitores de distinto sexo. Más de 25 años de investigación documentan que no existe relación entre la orientación sexual de los progenitores y cualquier medida de adaptación emocional, psicológica y conductual del menor. Estos datos han demostrado que no existe riesgo para los menores como resultado de crecer en una familia con uno o más progenitores gays.

Contrariamente a los estereotipos predominantes en nuestra sociedad, en varios estudios se ha reconocido que los padres homosexuales muestran una actitud de mayor cuidado, se involucran más y ven su papel como padres de forma más positiva que los padres heterosexuales . Según la  Academia Americana de Pediatría, crecer con padres homosexuales puede conferir algunas ventajas a los niños, puesto que esos padres han sido descritos como más tolerantes  a la diversidad y más cuidadosos respecto a niños más pequeños que los hijos de padres heterosexuales.

  
Por lo tanto:

- Como comunidad hacemos frente a corrientes de opinión fundamentalistas o esencialistas por las cuales se quiere visualizar a la familia en singular, es decir, en una esencia o paradigma excluyente que no reconoce la diversidad en las que están representadas distintas formas de familia.

-   Las personas LGBTI no son ciudadanos de segunda categoría, tienen los mismos deberes asignados a todos los demás, por lo que no deben sufrir un menoscabo en sus derechos, entre los cuales está la libertad de formar una familia y contraer un matrimonio, si así lo desean y buscar apoyo e información en las ciencias médicas para el logro y disfrute de sus libertades individuales.

- Las personas LGBTI en relaciones de pareja son  “tan capaces como los  cónyuges heterosexuales de expresar y compartir amor en sus variadas formas”. Son, de igual manera  “tan capaces de formar relaciones íntimas, permanentes, comprometidas, monógamas, leales y duraderas; de otorgar apoyo emocional y espiritual; y de proveer cuidado físico, apoyo financiero y asistencia en un hogar común. Ellas y ellos son capaces de manera individual de adoptar niños y en el caso de lesbianas tenerlos”. 
En resumen,  “tienen la misma habilidad de establecer un consortium omnis vitae”. Finalmente, son “capaces de constituir una familia, ya sea nuclear o extendida, y de establecer, disfrutar y beneficiarse de la vida en familia” de una forma que  “no es distinguible en ningún aspecto significativo de cónyuges heterosexuales”.

- El derecho a una vida libre de injerencias arbitraria, la prerrogativa que tienen los individuos para no ser interferidos o molestados, por persona o entidad alguna, en el núcleo esencial de las actividades que legítimamente deciden mantener fuera del conocimiento público, protegiendo la tranquilidad y la dignidad de las personas, asegurándoles el libre desarrollo de su personalidad.

- El derecho a la vida privada para las personas LGBTI  debe ser analizado  con base  en el principio de  igualdad y de  no discriminación: por lo tanto tal derecho no  debe ser diferente que el de una persona heterosexual; no  sólo  debe limitarse al auto reconocimiento, sino que debe incorporar el derecho a desenvolverse como tal, con la posibilidad de realizar todas las actividades que redunden en su desarrollo y felicidad, lo cual incluye por supuesto  el derecho de poder elegir su propio compañero de vida y poder institucionalizar esta unión que sea homosexual o heterosexual.






César Sequera Núñez
Líder Pastoral
Iglesia de la Comunidad Metropolitana
Email: icmmisioncaracas@gmail.com
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Religión, Homosexualidad y Activismo

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