“Ver el mundo en blanco y negro nos aleja de la moderación y de la paz interior porque la vida, por donde se mira, está compuesta de matices.

Querer imponer al universo nuestra primitiva mentalidad binaria no deja de ser un acto de arrogancia y estupidez.”

Walter Riso.

jueves, 21 de octubre de 2010

En busca de un nuevo espacio social


«a unos que… menospreciaban a los otros, dijo...» Lucas 18, 9-14


Venimos tratando de entender la fe cristiana desde lo auténtico, sincero; y como ausencia de fe, a la falacia. La fe entendida en lo cotidiano, en el día a día, en cada trato que mantenemos con otras personas, es en esa cotidianeidad donde subyace aquello que determina nuestro comportamiento. Aquello que decidimos hacer o dejar de hacer, responde a aquello íntimo que habita en el interior de nuestras vidas, que cuando actuamos (y la vida se trata de una constante actuación), se muestran aquellas cosas que permiten a los demás conocerme, saber quién soy, es a través del acto que me muestro a mí mismo. Nuestra identidad es el resultado de la relación constante de lo que habita en mi interior con los demás, y que se expresa en las actuaciones cotidianas. Existen muchos factores sociales que influyen en aquello que subyace o habita en lo profundo de nuestra personalidad, de modo que hay cierto ‘circuito’ que recorre el camino de lo que expreso a la sociedad y lo que recibo de ella. Cuando me expreso, al mismo tiempo soy expresado, cuando soy en la sociedad también estoy siendo hecho por ella; por eso las decisiones que tomamos en lo cotidiano están fuertemente marcadas por aquello social que moldea la identidad propia, lo que solemos llamar realidad. Cada uno/a es el centro de una realidad diferente, pero no por ser diferentes dejan de ser realidades. La historia de la convivencia humana está signada por una violencia que se alimenta en los constantes esfuerzos puestos en desmerecer y acallar muchas realidades, para hacer prevalecer una: la que tiene razón. ¿Cuál de las realidades es la que tiene razón? Si hay tantas realidades como personas en el mundo, no podemos plantear a priori una razón por sobre otras, cada una de esas realidades tiene su razón, son el resultado de una determinada forma de recorrer ese circuito de relación antes mencionado, lo que también explica que no es casual el comportamiento o realidad actual, sino que responde a una historia que hay detrás de cada realidad. La vida social a veces pierde de vista muchas razones y realidades, o cuando no pueden perderlas de vista las niegan para sostener la máscara que disfraza su identidad. Cada historia guarda algo auténtico, y también cada historia pude ser disfrazada, es decir, podemos actuar en forma auténtica o en forma disfrazada. La primera es la esperada y propia del ser humano, la segunda es insana y se acerca al lo que entendemos por alienado/a (enajenado de sí mismo). Cuando nos alejamos de la autenticidad nos acercamos a la alienación, mientras que cuando nos alejamos de la alienación nos acercamos a la autenticidad.

La enseñanza de Jesús a aquellos que menospreciaban a otros (Lc 18,9-14), busca que no caigan en una alienación similar a la de aquél fariseo, que necesitaba desmerecer a los demás no solo para justificar su comportamiento y con ello darle sentido a su existencia, sino para descalificar y someter a cualquier realidad diferente a la suya. Con esto Jesús enseña a no menospreciar a otros/as, lo que implica apreciarlos, es decir disponernos a respetar las realidades e historias que les son propias a otros/as, pues es desde esa actitud desde dónde se posibilita un mejoramiento o superación de los estados violentos que llevan al ser humano a la perdición, o a que el ser humano se pierda, o a que se enajene de s í mismo, como queramos decirlo.

En estos tiempos caemos en la tentación de suponer, pensar y hasta decir: ‘que cada uno se ocupe de lo suyo’, sin embargo nadie puede vivir aislado de los demás -por más barrios cerrados que se construyan- ni estamos inmunes a lo que están haciendo los demás con sus vidas; por el contrario todos estamos expuestos a lo que los demás hacen con sus vidas, sea porque deciden seguir contaminado el agua y el aire que todos necesitamos, sea porque decidan en actuar en forma corrupta, sea por que el hambre, los robos, la pobreza y miseria se incrementan, busquemos los ejemplos que fueran y veremos que la mayoría de los males que nos toca vivir a todos/as son consecuencia de imponer una razón a otras, o dicho de otra forma, por menospreciar la realidad de otro s/as.

El Cristo en medio nuestro busca educarnos en el respeto y acompañamiento mutuo en nuestras realidades, a través del reconocimiento, donde la convivencia se torne en un espacio donde puedo mostrarme en forma auténtica y donde también soy aceptado/a en forma auténtica. Una convivencia que se distancie de esa alienación violenta su salubridad.

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