“Ver el mundo en blanco y negro nos aleja de la moderación y de la paz interior porque la vida, por donde se mira, está compuesta de matices.

Querer imponer al universo nuestra primitiva mentalidad binaria no deja de ser un acto de arrogancia y estupidez.”

Walter Riso.

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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Partido Religioso NUVIPA entrega 67.000 Firmas en contra Matrimonio Civil Igualitario frente Asamblea Nacional Caracas.








A continuación fotos de un Grupo Político religioso NUVIPA realizando una protesta frente a la Asamblea Nacional ante la iniciativa de Grupos de la Sexo Diversidad para la aprobación de una Ley para el Matrimonio Civil Igualitario!!!



El fundamentalismo crea imágenes y complejos cerrados, que facilitan la interpretación de todo el mal que existe en el mundo. 


Se basa en un principio dualístico: Dios contra Satanás, el bien contra el mal, conceptos que simplifican los patrones de orientación y forman la base de un pensamiento filosófico rígido.



El "fundamentalismo" es un fenómeno que surge a menudo dentro de las tradiciones religiosas judía, cristiana y musulmana en reacción a cambios culturales abruptos, la desorientación espiritual de los fieles, el excesivo materialismo y la secularización. 


Los fundamentalistas se sienten amenazados en el mundo dominado supuestamente por poderes malignos y buscan respuestas simplistas, autoritarias y moralizantes para crear un nuevo orbe, donde puedan vivir en paz, según las normas ancestrales de su religión.


La palabra "fundamentalismo" fue creada por un grupo de evangélicos conservadores, quienes entre l9l0 y l9l5 publicaron en Chicago una serie de folletos llamados "The Fundamentals, a testimonium of the Truth", y los repartieron en iglesias y lugares públicos de todo el país. Ellos se auto-denominaron "fundamentalistas". 


El movimiento religioso al cual pertenecieron los representantes del "fundamentalismo cristiano o protestante" estalló en los Estados Unidos durante las últimas décadas del siglo pasado. 


Sus fundadores luchaban contra corrientes sociales y teológicas del liberalismo y modernismo, consideradas por los tradicionalistas como una amenaza al cristianismo tradicional. En aquel tiempo, la rápida urbanización e industrialización y las masivas inmigraciones de mano de obra europea provocaron cambios sociales y económicos, que también tuvieron repercusiones en el campo religioso . 


El puritanismo de los colonos anglosajones de la "frontera" se debilitó en las grandes ciudades, donde el "secular humanismo" empezó a establecerse como guía e ideal del modernismo democrático y liberal.


Originalmente, los fundamentalistas norteamericanos eran miembros de diferentes denominaciones protestantes, tales como Baptistas, Presbiterianos y Metodistas, pero luego fueron expulsados de sus iglesias respectivas debido a sus opiniones ultra-conservadores y por su oposición a las transformaciones teológicas, al modernismo y al liberalismo de la época.


Se formaron grupos disidentes en todas partes del país, que más tarde se unieron con políticos de la extrema derecha. El movimiento fundamentalista no desapareció ni con la depresión de los años 30, ni con la Segunda Guerra mundial, ni en la época de la prosperidad de los años 60, por el contrario, surgió nuevamente en el campo político y religioso en los años 70.


No cabe duda que en el mundo de hoy existen muchos problemas sociales, económicos y religiosos. Las corrientes socio-psicológicas de nuestros días se basan en la Ilustración del siglo XVIII y el modernismo del siglo XIX y XX. En las últimas décadas surgió el postmodernismo pluralista, que da licencia a todos para hacer lo que quieran, fomentando la incertidumbre, la pérdida de valores ancestrales y de normas para reglamentar el comportamiento humano. 


El individuo tiene dos opciones para hacer frente a esta crisis existencialista: puede dejar correr las cosas o buscar una solución extrema, por un lado en la criminalidad, por el otro en el fundamentalismo político - religioso.


En todas partes del mundo y en todas las religiones mundiales el fundamentalismo nace como reacción a las corrientes y patrones de vida postmodernistas, que llegan a ser insoportables. Los estudios de antropólogos, filósofos y psicólogos han comprobado que el hombre no puede vivir sin leyes, tiene que adherirse a un código moral. En todos los grupos culturales del mundo existe un complejo religioso, que de una forma u otra guía la vida de sus miembros.


Para hacer frente a la inseguridad moral de nuestros días surge el fundamentalismo, que fomenta seriedad, adherencia a reglas fijas de comportamiento y el retorno de las costumbres ancestrales. El fundamentalismo preserva la ortodoxia e instrumentaliza las tradiciones. 


Rechaza la orientación del "humanismo secular", que fue muy alabado por los liberales, pero indudablemente no sirve para guía universal. 


El fundamentalismo crea imágenes y complejos cerrados, que facilitan la interpretación de todo el mal que existe en el mundo. Se basa en un principio dualístico: Dios contra Satanás, el bien contra el mal, conceptos que simplifican los patrones de orientación y forman la base de un pensamiento filosófico rígido.


Las reivindicaciones religiosas vuelven a influenciar la vida y el comportamiento de los hombres. El postulado es absolutista. A menudo el anti-modernismo fomenta el fanatismo y el terrorismo internacional. A través del fundamentalismo, los hombres buscan sus raíces, su identidad cultural y étnica, lo que se observa entre los negros norteamericanos y en las minorías nacionalistas en muchos países europeos.


Es interesante notar que el fanatismo y la extrema tolerancia sobreviven paralelamente en el mundo de hoy. Con la separación de la iglesia del estado, y la libertad de culto, la religión llegó a ser un asunto privado. 


Nacen nuevas sectas cristianas y nuevas religiones de diferentes índoles. Hoy en día existe un verdadero "mercado religioso", donde cada uno encuentra algo a su gusto. Este boom religioso se debe al vacío espiritual de la sociedad moderna.


En el campo político, por un lado, los fundamentalistas fanáticos se oponen a los derechos humanos, la democracia, el pluralismo y la tolerancia. Mientras, los fundamentalistas moderados promueven el patriotismo y una política conservadora, que inculque moralidad y sentimientos religiosos a los jóvenes y exhorten a los fieles a preservar la naturaleza. 


El éxito de las iglesias pentecostales, evangélicas y de otros movimientos fundamentalistas en la actualidad comprueba que en el mundo actual un crecido número de seres humanos en todos los continentes vuelven a los valores del pasado y que, a la entrada del tercer milenio, el fundamentalismo es la lógica reacción a los errores cometidos por el modernismo, el materialismo y el secularismo de nuestra época.


El fundamentalismo religioso se opone al desafío del modernismo y a la sociedad pluralista y busca restaurar los valores éticos y el regreso al antiguo orden divino. 


Solicita la sumisión a la autoridad absoluta de los líderes y a las leyes morales estrictas y promueve la intensificación de las prácticas religiosas. 


Está en contra de la libertad religiosa y de los logros del Concilio Vaticano II y de movimientos reformistas de cualquier religión.


El fundamentalismo también engloba conceptos apocalípticos. Se opone al progreso científico e ideológico y, en algunos casos, llega a un totalitarismo absoluto, defendido por la fuerza. 


Se trata de una reacción a veces violenta contra el cambio abrupto del modo de vida en los países del Tercer Mundo, donde las respuestas simplistas y moralizantes atraen a los desorientados y marginados.


Angelina Pollak - Eltz

(Versión María Fernanda Mujica)
 




sábado, 5 de abril de 2014

Heterosexual vive un año como gay y se “cura” de su homofobia.


Nos hacemos hoy eco de una historia que nos ha llamado la atención por sentar un ejemplo que ojalá siguieran muchos. Un joven heterosexual que creció en un entorno cristiano conservador de Estados Unidos decidió vivir un año como gay y contar su experiencia, que cambió radicalmente su percepción de la realidad LGTB, en un libro.
Timothy Kurek es oriundo de Nashville, la capital del estado sureño de Tennessee. Cristiano y convencido de que la homosexualidad es un pecado, a los 22 años una amiga le explicó entre lágrimas que sus padres la habían repudiado cuando les contó que era lesbiana. Incapaz de presentarle argumentos para “convertirla”, Kurek decidió embarcarse en lo que califica de “espionaje espiritual”: vivir como gay durante un año. “Necesitaba empatizar y comprender”, explica.
La experiencia comenzó cuando alguien lo interrumpió en un bar de la lectura de un libro de temática gay y le espetó: “No se puede ser gay y cristiano”, a lo que Kurek respondió: “Soy gay y amo a Dios”. A partir de entonces, empezó su proceso de salida del armario, e incluso buscó un supuesto novio, que lo ayudó a comprender “cómo ligan” los gays y a poder “dar una excusa” cuando lo intentaban con él.
Kurek “aprendió” también a besar y a ir de la mano de un hombre, algo que al principio le provocaba una “repulsión” que después “desapareció”. Pero lo peor fue contarlo a sus padres. En su libro explica cómo descubrió en el diario de su madre, un día después de revelarles su supuesta homosexualidad, que ésta había escrito “mejor me hubiera enterado por un médico de que tengo cáncer terminal que tener un hijo gay”. En cuanto a sus amigos, la consecuencia que más le sorprendió fue el “aislamiento” al que se vio sometido. “Antes de salir del armario, tenía una intensa vida social. Después no volví a tener noticias del 95% de mis amigos”.
El joven de 26 años ha reunido todas estas experiencias en un libro tituladoThe Cross in the Closet (“La cruz en el armario”), y eligió el Día de Salir del Armario celebrado el pasado 11 de octubre para sacarlo a la luz y anunciar que parte de los beneficios obtenidos con su venta irán destinados a asociaciones de ayuda a jóvenes LGTB sin hogar. Kurek, que no ha renunciado a sus creencias religiosas, espera tender puentes entre la comunidad cristiana y la homosexual. Algo que ya ha tenido una primera consecuencia positiva: su madre ha pasado a apoyar los derechos LGTB.
@DosManzanas

El fantasma del fundamentalismo.



Cada vez es más preocupante la identificación que se hace entre religión y fundamentalismo. Un proceso que en algunos lugares como en nuestro país, o más aún en nuestras iglesias evangélicas, parece ya imparable. Tanto es así, que las personas que no comparten los principios fundamentalistas, son vistos como creyentes que se han dejado arrastrar por las ideas y las formas de vivir de su entorno, o directamente como falsos cristianos.

En el libro Cristianismo y Liberación, Juan Martín Velasco nos recuerda que el fundamentalismo es sólo una forma determinada de cristianismo, que aparece como resistencia a la modernidad y a las consecuencias que esta trae consigo. Y es que a finales del siglo XIX ocurren una serie de cambios, en el conocimiento humano y en la sociedad, que producen un fuerte impacto en la visión que tradicionalmente había tenido el cristianismo: aparece una nueva forma de ver la realidad, la historia y la moral gracias a los descubrimientos científicos, la primacía de la razón, el evolucionismo, la secularización de la sociedad…

Algunos cristianos ante esta nueva situación, apostaron por dialogar con la modernidad e inculturar su fe a las circunstancias que les tocó vivir. Pero otros, los fundamentalistas, cerraron filas ante lo que denominaron “recta doctrina”. Si los primeros creyeron necesario responder a las nuevas preguntas y los nuevos retos para que el cristianismo siguiese diciendo algo a la sociedad en la que vivían, los segundos tuvieron miedo de perder la identidad y actuaron a la defensiva. Se replegaron y se dedicaron a afirmar verdades absolutas que les permitiesen vivir más tranquilos.

Es en estas circunstancias que en julio de 1920, el periódico neoyorkino The Watchman-Examiner, pone por primera vez nombre a este movimiento que cree vivir en un mundo hostil, que se siente amenazado y que necesita por tanto, definir su identidad con toda precisión: “Proponemos aquí y ahora que se adopte un nuevo nombre para designar a las personas que entre nosotros insisten en que no sean cambiados los puntos de referencia...que sean llamados Fundamentalistas...cuando utilice este término lo entenderé como un elogio y no como un insulto”.

Si nos aproximamos a este movimiento observaremos que no es monolítico, que en realidad deberíamos hablar de fundamentalismos, ya que en él encontramos desde grupos que han decidido alejarse de la sociedad, con el proselitismo como único medio de relación con el entorno, a las corrientes selectivamente tradicionales y selectivamente modernas. Estas últimas, en mi opinión son las que están más presentes en nuestro país. No rechazan todo lo producido por la modernidad, sino que escogen aquellos elementos que les pueden permitir alcanzar la influencia sociopolítica que desean.

Las características de los fundamentalismos son muchas, pero me gustaría resaltar tres de ellas por la significación y la relevancia que han adquirido en nuestro país.

La primera, apuntada anteriormente, es el intento de presentar a los creyentes que no comparten sus puntos de vista como cristianos no auténticos. Una división entre cristianos verdaderos, que son únicamente los que afirman sus principios, y aparentes, contaminados por el liberalismo, el modernismo o el relativismo. Para saber si un cristiano es verdadero debe, por un lado, afirmar lo que el fundamentalismo ha establecido como “recta doctrina”, y por otro, tener un nuevo nacimiento que lo separe completamente de los que no lo han hecho. La búsqueda de una experiencia en que basar su fe, que no deje lugar a la duda.

La segunda, la lectura literal de la Biblia, que es inerrable no sólo en cuestiones teológicas, sino también históricas y científicas. Absolutizarla hasta ponerla en lugar de Dios mismo, confundiéndola con él. Una especie de idolatría bíblica en la que el lector fundamentalista aparece como un adorador neutro sin ningún tipo de condicionante. Algo paradójico si tenemos en cuenta que los distintos grupos fundamentalistas hacen lecturas diferentes, e incluso contradictorias, de los mismos textos. Unas diferencias que se presentan como no esenciales: “En ciertas cosas podemos interpretar distinto, pero en las fundamentales tenemos que coincidir”. Evidentemente ellos nos explican cuáles son estos puntos fundamentales y como deben ser creídos y afirmados. En el fondo, creo que no deja de ser una utilización de la Biblia para defender los propios puntos de vista, presentándolos como divinos.

Y por último, estos grupos se presentan como portadores y defensores de la verdad. Una verdad sin condicionante alguno, una verdad absoluta que se deriva de la revelación que ellos encuentran en la Biblia. Ya no hay fe, no hay confianza del creyente, no existe el riesgo de creer: ahora hay seguridades, verdades. Ya no es necesario buscar, no hay lugar para la duda. La verdad que ofrece el fundamentalismo es una anestesia para los que se sienten incapaces de dar respuesta al complejo mundo donde vivimos. El cristianismo entendido como un conjunto de personas, al que unos cuantos van guiando y controlando con la verdad que poseen.

Ante todos estos movimientos, que parecen tener claras todas las cosas, que nos muestran a un Dios tan humano, que nos hacen preguntarnos si no están hablando de ellos mismos, creo que deberíamos hacer hincapié en el Dios trascendente y en el ser humano real. Explicar que aunque son necesarias las imágenes que nos hacemos de Dios, es absurdo presentar cualquier imagen de Dios como definitiva y verdadera. Afirmar todas las veces que sea necesario que el Dios que nos reveló Jesús, respeta la vida y la realidad del ser humano. Una vida y una realidad que no quiere someter sino liberar. Y por último advertir que la consecuencia del fundamentalismo, es la opresión del ser humano por parte de un ídolo que el hombre mismo ha construido a su imagen y semejanza.


Carlos Osma
Publicado en Lupa Protestante en Marzo de 2007.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Homofobia: el único prejuicio aceptable.


La homofobia se ha caracterizado a lo largo de la historia de Occidente por condenar todo aquello que salga de los parámetros establecidos. Desde la cultura griega hasta la actualidad han surgido distintas concepciones en torno a la homosexualidad. Un “amor perfecto” en la época griega pasó a ser un pecado mortal y se ha establecido como “el único prejuicio aceptable en nuestra sociedad”, sostiene el investigador Byrne Fone.

Fone, académico de la City University of New York, se ha dedicado al estudio de la homosexualidad, desde la cultura griega hasta hoy. Por medio de Homofobia: Una historia, su más reciente publicación en México (editorial Océano), brinda un acercamiento a la construcción de este concepto que genera un odio exacerbado en la sociedad, y cuyas consecuencias pueden ser fatales.

¿Cuál es la razón para que hoy en día se condene a la homosexualidad, si en otras épocas históricas no era juzgada?

La homosexualidad ha sido condenada en casi todos los periodos históricos y en casi todas las culturas menos en la griega como lo muestro en Homofobia. En las culturas antiguas tanto occidentales como orientales siempre han existido reglas y prohibiciones en cuanto a la homosexualidad. Tanto las tradiciones judeo-cristianas como islámicas siempre la han prohibido y detestado activamente e incluso todavía promueven castigos radicales para las relaciones del mismo género. Esto estigmatiza tanto a los hombres como a las mujeres gays y nos da el estatus de una minoría, a su vez, esto promueve su persecución e intolerancia, lo cual lleva a la privación de los derechos acordados a todos los miembros de una sociedad.

¿Qué tanto influyeron a nivel social los argumentos científicos del siglo XIX, los cuales consideraban a la homosexualidad como “sentimiento sexual contrario”, para que ésta fuera estigmatizada con mayor énfasis en los últimos 200 años?

Lo que hizo la “ciencia” anti-homosexual del siglo XIX fue agregar otra capa a la condena de la homosexualidad. La Iglesia lo ha hecho un pecado, la Ley un crimen, y la ciencia del siglo XIX la hizo una enfermedad, aseverando que era una forma de locura. La noción de Karl Westphal, que planteaba a la homosexualidad como un “sentimiento sexual contrario”, la  etiquetó como un tipo de enfermedad moral ya que el deseo sexual “natural” en estas personas estaba congénitamente invertido y, por lo tanto, era anormal. 

¿Por qué ese afán desmedido por definir a la homosexualidad en los últimos 200 años?

Las definiciones de homosexualidad son tan antiguas como la cultura occidental misma, como lo muestro en Homofobia. Por dos milenios la Iglesia ha definido la “salud” de un individuo, y por salud se refiere a la salud espiritual. Por lo tanto, un homosexual, un sodomita, estaba espiritualmente enfermo. A finales del siglo XVIII el estudio científico había desplazado a la teología como medio para explicar a la humanidad. La ciencia empezó a explorar el “espacio interior” emocional de los seres humanos y por lo tanto empezó a concentrarse en la salud mental tanto de hombres como de mujeres especialmente con respecto a su sexualidad. Si la normalidad sexual tuviera que ser definida y explicada, entonces también debería serlo la anormalidad sexual, y que mejor candidato para lo “anormal” que el antiguo “sodomita” que ahora se convirtió en el invertido y el pervertido, y eventualmente en el homosexual.
  
¿La homosexualidad es natural e inherente al ser humano?

Sí. La más antigua de todas las prohibiciones religiosas establecía que la homosexualidad “no es natural” y la Iglesia aun lo establece. Pero la mayoría de las opiniones científicas respetables ahora apuntan hacia la conclusión de que la homosexualidad no es una conducta adoptada, sino que es “natural”, o sea genética. Por lo que nacemos y no nos hacemos.

¿Cómo se ha educado a la sociedad con homofobia?

Repito lo que mencione anteriormente: en las culturas antiguas, tanto occidentales como orientales, siempre han existido reglas y prohibiciones en cuanto a la homosexualidad. Tanto las tradiciones judeo-cristianas como islámicas siempre la han prohibido y detestado activamente e incluso todavía promueven castigos radicales para las relaciones del mismo género.

¿Porqué una sociedad como la griega aceptaba las conductas homosexuales e incluso las naturalizó?

De todas las culturas occidentales, la Grecia pre-cristiana era la mas tolerante con respecto a las relaciones tanto sexuales como afectivas entre hombres, incluso alabando la pasión entre dos hombres en la literatura y mostrándola en el arte. Pero es difícil saber que práctica sexual tenían los griegos realmente, ya que la evidencia se basa en la literatura y el arte, ambas reconocidas por hacer del deseo algo fantástico. Sin embargo, puede decirse que las relaciones sexuales consensuales entre hombres no eran condenadas, tampoco el sexo entre hombres planteado como algo inmoral en el sentido actual de la palabra, pero podía ser deshonroso porque se creía que el sexo entre hombres no era únicamente una cuestión de pasión e incluso amor, sino de utilidad social. Si el deseo homosexual llevaba únicamente a la consumación sexual y a “nada más”, podía ser deshonroso y este era el argumento de Platón. En “El Banquete”, Platón resume la teoría ideal: un hombre mayor que corteja o pretende a un hombre atractivo más joven puede únicamente esperar favores sexuales si está dispuesto a ser el mentor del más joven, guiándolo hacia el camino de la virilidad y mostrándole como debe actuar un buen ciudadano. A cambio, el más joven se beneficia de la experiencia, por lo que se convierte en un ciudadano decente y honorable. El medio para la transmisión de estos valores sociales es la pasión, el amor y el sexo. 

 ¿Por qué enfatizar el factor reproductivo en el ejercicio de la sexualidad?

Porque las enseñanzas judeo-cristianas condenan el “sexo sin fruto” y condenaron a Onan por “lanzar su semilla hacia la tierra”, así como ordenaron a los hombres y mujeres el “uniros y multiplicaos”.

¿Por qué el ser penetrado ha sido tan condenado, así como el que el hombre asuma una actitud femenina?

Por el poder. La penetración le da al penetrador poder sobre el penetrado. Las mujeres son penetradas,  por lo que ante los ojos de aquellos que aceptan o exigen roles de género estrictos, los hombres que son penetrados dejan de ser hombres y se convierten en mujeres.

¿Por qué se considera el ser femenino como una debilidad?

Es obvio. Se trata de los roles de género: los hombres son reservados y los verdaderos hombres no lloran. Las mujeres sí, son más expresivas. Los hombres que lloran son expresivos y débiles y por lo tanto se convierten en mujeres.
  
¿Por qué se condena desde la época de los griegos el optar únicamente por la homosexualidad?

¿Únicamente? Después de todo han sido dos mil años de condena. Uno no “elige” la homosexualidad, está en los genes. Uno puede elegir tomar alcohol o drogas. Uno puede dejar de tomar drogas y uno puede incluso dejar de tener sexo gay. Pero uno no puede dejar de ser gay. 

¿Es forzoso relacionar a lo homosexual con lo incontrolable y frenético?

No. Es tan necesario como el decir que los verdaderos hombres no lloran. Esta noción, que la gente gay es histérica o sexualmente incontrolable nuevamente se vincula a otra noción sobre las mujeres. En el siglo XIX los científicos escribían tratados sobre “la mujer histérica” y la “histeria” era una enfermedad común para la mujer. La mujer siempre ha sido vista por la Iglesia como sexualmente promiscua y como poseedora de apetitos sexuales incontrolables. Por lo tanto, los hombres que eran mujeres (por ejemplo los homosexuales) también eran percibidos como histéricos y depredadores sexuales.

¿Qué tan válido ha sido fundamentar en la Biblia la condena moral occidental de la homosexualidad?

Si se es un cristiano creyente, es muy válido porque la Biblia es el texto que define sus valores morales. Si no se es un cristiano y se cree que esas doctrinas no tienen fundamentos, entonces no deberían de afectar las creencias propias. Pero debido a que las prohibiciones en la Biblia se han introducido y han permeado la cultura común y se han vuelto parte de la creencia común, y se reflejan en la ley común, determinan casi todos los aspectos de las actitudes de la sociedad respecto a la homosexualidad a pesar de que la interpretación bíblica sobre la condena de la homosexualidad se encuentra en terreno dudoso.

La interpretación de Sodoma ha sido acrecentada por la Iglesia para justificar su rechazo a la homosexualidad ¿Cuál es su lectura ante las presuntas confusiones en la interpretación de los textos bíblicos?

La prohibición de la Biblia está basada en una mala traducción del verbo “saber” en hebreo, usualmente traducido de manera equivocada, de tal manera que sugiere deseo sexual. Sodoma fue castigada no porque los hombres de Sodoma quisieran tener sexo con los ángeles, sino porque habían fallado en su deber de ser hospitalarios con ellos. 

¿Cuál es el momento histórico en que se condena de manera definitiva la homosexualidad?

No hay un momento preciso, pero si quieren revisar las escrituras de Judas Filo a mediados del siglo I después de Cristo, la imagen de Sodoma como la conocemos aparece inicialmente en su completo apogeo. Pero no sería sino hasta el año 1000 que las leyes tanto seculares como eclesiásticas que criminalizaban la sodomía aparecerían.

¿Cómo se puede cambiar a nivel social y de raíz, la concepción histórica de la homosexualidad para erradicar la homofobia?

Mediante la educación y la acción pública. La gente gay debe estar dispuesta a “salir del clóset” ante amigos y familia, en nuestros trabajos, nuestras iglesias, nuestras escuelas y en las calles. Debemos protestar siempre ante el gobierno, las cortes, las iglesias y marchar en las calles, demandar nuestros derechos. En las primeras marchas gay, en los 60, cantábamos: “Dilo fuerte, gay y orgulloso”. Esto todavía significa algo.

¿Estamos en estos momentos ante un panorama social que permita la erradicación de la homofobia?

Como lo dije anteriormente, tenemos el movimiento gay de los derechos civiles, y el pelear por nuestra causa en las calles y en las cortes. Pero ninguna ley va a erradicar la homofobia, la palabra “homofobia” significa miedo a la homosexualidad, miedo a los homosexuales. El miedo no es racional. Por lo tanto, a través de la educación se debe mostrar que no hay que temer a la gente gay, y que la gente gay debe mostrarle a los heterosexuales de manera individual que no somos monstruos. Pero mientras la religión alimente las llamas de la homofobia –y todavía lo hace- esta idea siempre persistirá.

La apertura sexual de los años 60, en la que se comienza a denominar lo homosexual como gay ¿ha provocado un “etiquetamiento” de la sociedad hacia lo homosexual?

El 50 por ciento de los estadounidenses aún cree que la homosexualidad es algo “malo” o “inmoral”, o incluso un “pecado”. Ese porcentaje es menor al que había en los 60, así que sin duda, esta época inició un cambio ya que evidentemente cada vez más personas aceptan tan siquiera que la gente gay debería tener derechos equitativos.
  
¿Por qué se enfatiza en condenar las relaciones amorosas entre hombre – hombre y no se condena tan frecuentemente a las relaciones mujer – mujer?

¿Recuerdan cómo no era mal visto que dos niñas bailaran juntas en un baile escolar pero jamás dos niños? ¿Por qué? Porque no se pensaba que las mujeres fueran “sexuales” en el sentido que los niños lo eran. Por supuesto que esta actitud ha cambiado bastante desde la llegada del feminismo, pero esto de nuevo se vincula con la antigua cuestión sobre la definición de virilidad: los hombres gay amenazan a los heterosexuales, en cambio las mujeres gay agregan otra capa de voyeurismo sexual para los hombres heterosexuales.
  
¿Vive la cultura occidental una “adoración por lo fálico” al sancionar desde tiempos antiguos penetraciones fuera de los cánones “naturales” y no sancionar en sí las relaciones afectivas entre las personas?

El falo siempre ha dominado en el occidente. Los romanos no condenaban al hombre que penetraba a otro hombre, ni condenaban al hombre que recibía sexo oral de otro hombre, no condenaban al hombre que lo daba y lo recibía. Los chicos de preparatoria golpean a un gay después de que este les da lo que ellos quieren. Los hombres heterosexuales son atendidos por travestis y no hay ningún problema mientras no “sepan” quién es “ella” realmente. ¿Pero dos hombres besándose? Eso es amor y eso es repulsivo.

Para erradicar la homofobia ¿Se debe apelar por una tolerancia hacia la diversidad sexual o por el respeto a la diversidad sexual?

Creo que debería ser tanto tolerancia como respeto. Pero no podemos “apelar”, debemos “esperar” y exigir tolerancia y respeto para mostrarle al mundo por qué debemos tenerlo. No podemos tomar una posición defensiva, debemos estar en la ofensiva y luchar por nuestros derechos mediante la educación, así como apoyar desafíos legales a leyes actuales en contra de los homosexuales, incluyendo el derecho a casarse. Si nos sentamos a esperar la tolerancia y el respeto, será una larga espera.


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Religión, Homosexualidad y Activismo

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