“Ver el mundo en blanco y negro nos aleja de la moderación y de la paz interior porque la vida, por donde se mira, está compuesta de matices.

Querer imponer al universo nuestra primitiva mentalidad binaria no deja de ser un acto de arrogancia y estupidez.”

Walter Riso.

viernes, 20 de marzo de 2015

El origen del ser promiscuo.

Filogénesis

Como en todos estos temas polémicos, existe una diversidad dramática de ver el problema. En un extremo están los que aceptan la promiscuidad como algo natural, y en el otro, los que la rechazan sin más discusión. En general parece ser un problema de carácter moral, sin embargo ―y he aquí el por qué de mi interés en escribir este artículo―, el comportamiento promiscuo, independientemente de quién lo ejecute (heterosexual, homosexual, mujer u hombre), parece originarse en lo más recóndito de nuestro ser, a saber, en la información genética.


Para algunos, este punto de vista es por completo absurdo, para otros, novedoso. Sea como sea, es bien sabido que la naturaleza humana, como la de cualquier animal sexuado, se basa en leyes que la moral (exclusiva del humano) a veces no tolera en absoluto.
El comportamiento promiscuo se asocia por lo general al hombre, no a la mujer. Y esto se debe a su naturaleza de ser. No quiere decir que la mujer no pueda serlo, en efecto lo es, pero en menor medida. Esta diferencia de sexos es precisamente la que nos da la clave para entender por qué el tema se debe tratar también desde un punto de vista de la herencia, aparte del moral. La moral, por su parte, sólo puede juzgar lo que la genética propone, no cambia ningún fundamento biológico previamente programado.
Aclaro que no hablo de la herencia en función de los padres progenitores. Por supuesto que se transmite por medio de ellos, pero independientemente de que estos hayan sido o no promiscuos en su juventud, lo que me interesa resaltar es el aspecto filogenético  de la promiscuidad que se ha dado a través de la evolución humana.
El hombre, en su contexto natural, ha jugado el papel de proveedor para su familia desde muy tempranas etapas de la evolución humana. La mujer, por su parte, ha adoptado el papel de procreadora, es la encargada, no sólo de dar vida sino de alimentar y cuidar a las crías. Y estas características se repiten en la mayoría de las especies animales. Pero en tanto la mujer (o hembra) se encarga de cuidar y alimentar a sus crías, le es imposible conseguir el alimento para sí misma y sus crías, que se alimentan de ella. Por eso, es el hombre (macho) quien sale del hogar (la cueva) y se encarga de buscar el alimento para él y su familia. Así se ha hecho por miles de generaciones a lo largo de la existencia humana, y los valores que, según la moral, se han adquirido a través del aprendizaje consciente, en realidad no se alejan mucho de esa verdad. Los roles que juega un hombre y una mujer dentro de la sociedad están determinados en parte por estas necesidades primigenias, y en parte, por la moral aprendida y modelada desde relativamente recientes fechas.
Con esto en mente, cabe pensar que la conducta sexual, destinada a la reproducción de la especie, es diferente (según las necesidades que acabamos de ver) entre hombres y mujeres. En tanto después del coito (acto en el que la mujer queda embarazada), la mujer empieza a experimentar cambios químicos y psicológicos durante el período de embarazo (por ejemplo, desgano y rechazo a las relaciones sexuales, o sentimientos de protección hacia el bebé que aún cuida en su vientre). El hombre, por su parte, no experimenta ningún cambio significativo y sigue con su vida normal, con la diferencia de que ahora él tiene una necesidad sexual que no logra satisfacer plenamente con su pareja, o al menos, no como lo hacía antes.
Esta situación "arrincona" al hombre a buscar otras alternativas, es decir, relaciones sexuales con otra mujer, una mujer que esté apta y deseosa. Si estamos buscando una explicación razonable a la cuestión de por qué el hombre tiende a ser más promiscuo, ésta sería una alternativa viable a tomar en cuenta. Por algo, dicho sea de paso, las poblaciones de mujeres propenden a ser más numerosas, y en cierta forma, también más resistentes a la vida.
Así pues, se trata de una cuestión natural, psico-biológica que ha impactado dramáticamente en el comportamiento social moderno. Sin embargo, ¿qué hay del aspecto moral? ¿Es correcto decir que por el hecho de cargar con un antecedente filogenético de promiscuidad se justifica andar por ahí en busca de sexo? La respuesta es no. Y no porque funcione mal la naturaleza en el hombre, sino porque el hombre civilizado ha creado una escala de valores como el de lealtad y fidelidad, y se ha comprometido a respetarlos en acuerdo con su pareja oficial.
Esa capacidad peculiar del ser humano de poder decidir en base a cómo otros sienten y quieren, es una responsabilidad que se debe cuidar y cumplir con cabalidad en tanto no se quiera ser juzgado y/o rechazado por los demás. El respeto a la fidelidad, la creencia en el amor y la propia dignidad, se ven involucrados y afectados en función de las decisiones de tener o no relaciones sexuales con otros que no sean "la pareja escogida". Pero ¿qué hay del hombre soltero? ¿A quién puede dañar emocional o moralmente si aún no se ha comprometido a establecer una relación de fidelidad con nadie?
He aquí que se plantea un problema existencial para todo hombre o mujer que aún no ha conseguido una pareja estable. Entonces, ¿Se considera inmoral el acto promiscuo de una persona que no poseen una pareja estable a quien serle fiel?
La promiscuidad, ese deseo ardiente de querer estar siempre con alguien más y tener relaciones sexuales, llega a ser un patrón en la vida, que se repite una y otra vez con el propósito de "apaciguar" los deseos fisiológicos y psicológicos de estar y compartir con alguien sin ningún interés en pactar compromisos posteriores. Un deseo producto de un "instinto" primigenio de la humanidad no es cosa fácil de evadir. Persistirá, y en tanto más queramos disimularlo, mayor será nuestra impotencia para su control.
¿Cuál es el camino a tomar?
Puedo decidir seguir con mi vida como si nada ocurriera, tener una pareja o no, ser infiel o no, etc., pero la mejor forma de seguir adelante sin faltar a nuestras verdaderas necesidades es apelando al sentido común. La conducta promiscua no es mala per se desde el punto de vista biológico; es mal vista, eso sí. Psicológicamente hablando no es recomendable, pues a la larga sólo ocasiona un profundo sentimiento de vacío emocional, sentimiento de soledad y baja autoestima. El impulso  puede ser fuerte, y las consecuencias, devastadoras.
El tener una condición de soltería no es motivo para dar rienda suelta al acto sexual promiscuo y desenfrenado. Eso sólo denota falta de amor propio y la obtención de consecuencias indeseables. Estas consecuencias se centran principalmente en el riesgo de contraer enfermedades sexuales peligrosas, y el riesgo de levantar rumores ardientes dentro de la comunidad que tarde o temprano habrá que lamentar.

En pocas palabras, el acto promiscuo puede llevar a una obsesión desmedida por esa opción, a crear un estilo de vida, una respuesta como solución a todos los problemas de relación, y a la larga, incrementar el sentido de desvalía y la indiferencia al verdadero amor.

Homofobia internalizada - origen y causas.


Internalizar un sentimiento de homofobia, sabiendo que se es gay, lesbiana o bisexual es una forma de negar la propia identidad. 

La gravedad y fuerza en este tipo de homofobia (también conocida como homo-negatividad internalizada) puede depender de factores circunstanciales (Mostade, 2004), como por ejemplo el vivir en un país opresivo, bajo un régimen poco tolerante hacia el comportamiento homosexual —como en el caso de Irán—, o por haber experimentado una experiencia aterradora personal —como un disturbio en algún desfile del orgullo, la discriminación directa o una agresión física—. La gravedad de las circunstancias actuales o vivencias cercanas se ha comprobado que son disparadores poderosos del miedo a expresar la propia condición homosexual.

Así pues, definimos la homofobia internalizada como un conjunto de actitudes y emociones negativas hacia la homosexualidad de otras personas y hacia la propia homosexualidad (Shidlo, 1994).

  Para darle más perspectiva a este concepto citaré la teoría de Cass sobre el desarrollo de la identidad sexual que explica en seis estados o etapas las formas y posibilidades para desarrollar una homofobia internalizada. Cass (1979) sostiene que el desarrollo de la identidad sexual se basa en la incongruencia entre el mundo interno y externo de las personas, y supone que dicha situación guía de alguna forma a estos individuos en un intento por resolver esas discrepancias. Los estados de identidad sexual por el que pasa un gay, lesbiana o bisexual son un elemento fundamental para comprender el posible desarrollo de una homofobia internalizada (citado por Eric Nicely, 2001). 

Estos estados son :

1) Confusión de identidad: cuando la persona se da cuenta de que su conducta es considerada probablemente homosexual. Los pensamientos y sentimientos en torno al tema inician el proceso de desarrollo de esta identidad. El elemento crítico en este "darse cuenta" implica una interpretación personal y muy subjetiva de los estímulos. Este estado empieza con la primera incongruencia (la posibilidad del "sí mismo" como homosexual) resultando de la primera confusión.

Existen varias alternativas que el individuo puede tomar en este punto: a) creer que se trata de una posibilidad adecuada y deseable, donde responde buscando más información al respecto; b) creer que la identificación es correcta pero no deseable, en tal caso, el individuo puede inhibirse, restringir o negar su homosexualidad, o c) creer que esto es incorrecto e indeseable, caso en que la persona puede definir su homosexualidad como una "fase" o un "experimento", o definirlo sólo en términos del comportamiento (v. g. "Yo soy heterosexual, pero en ocasiones tengo sexo con hombres".) A este punto es muy raro develar la condición homosexual, ya que este estado se centra en una intensa y difusa identificación homosexual. Si la identidad en juego no se fija en esta etapa, se procede al siguiente estado.

2) Comparación de identidad: Cass describe esta etapa como una fase de alienación, donde el individuo comienza a darse cuenta de manera más profunda de que él o ella es diferente. Se empieza a dar cuenta de que en función a su conducta, su sentir y su pensar, los ideales y expectativas que se tenían para un futuro ya no son más aplicables en su vida, viéndose en la necesidad de hacer nuevos planes.

Existen cuatro formas de lidiar con esta situación: a) tomar una reacción positiva al hecho de ser diferente de la mayoría y creer que es lo más conveniente; b) aceptar el comportamiento homosexual, pero sentirse incapaz de hacerlo con la imagen que se tiene de sí mismo como gay, lesbiana o bisexual: una imagen imposible de digerir y aceptar; c) la incapacidad de poder aceptar tanto el comportamiento homosexual como la auto-imagen de homosexual, o d) tanto el comportamiento homosexual como la imagen no sólo son indeseables sino que se inhiben acompañados de intentos para volverse heterosexual (de aquí, los casos que buscan ayuda con la "terapia reparativa"). Esta etapa conlleva a los diferentes estilos de afrontamiento que va a adoptar el individuo con respecto a la homofobia generada. Por ejemplo, un homosexual emplea el "hacerse pasar por" (como heterosexual) de diferentes maneras para manejar el sentimiento de "ser diferente". También pueden evitar situaciones de riesgo como el control de la información personal, cultivar deliberadamente un personaje heterosexual, o distanciarse ella o él mismo de cualquier cosa que tenga que ver con la homosexualidad. Si el bloqueo de identidad no se produce, el individuo puede entonces avanzar a la siguiente etapa.

3) Tolerancia de la identidad: Incrementar el compromiso como homosexual marca la tercera etapa. Esto puede bien aumentar la alienación como aliviar la confusión. Esta etapa se centra en la lucha contra la alienación y el aislamiento, y se establece el contacto con la comunidad gay. El individuo comienza a interactuar con otras personas gay y/o la comunidad gay con el fin de explorar más a fondo y volver a evaluar la imagen de sí mismo, gestionando el creciente sentimiento de no pertenecer al mundo heterosexual. Los contactos pueden o no ser gratificantes, ya sea que exista una continuidad sobre la auto-imagen positiva o negativa respectivamente. De esta forma, el individuo puede aprender a manejar el incremento de homofobia internalizada por medio del contacto con otras personas que pasan más o menos por la misma condición. El resultado de esta fase es el reconocimiento claro de que se es homosexual.

4) Aceptación de la identidad: Esta etapa se caracteriza por el contacto y/o participación cada vez mayor con otros gays y lesbianas. La aceptación, en lugar de la tolerancia, es la que diferencia esta etapa de las anteriores. La persona ha respondido eficazmente a las preguntas: "¿Quién soy?" y "¿a dónde pertenezco?". Las estrategias de revelación selectiva y contacto limitado se emplean para gestionar la incongruencia entre la auto-imagen y la legitimidad de ser homosexualidad dentro de una comunidad. El manejo exitoso entre la ambivalencia e incongruencia que representa la auto-imagen y la experimentación de un sentimiento homofóbico externalizado conduce finalmente a la siguiente etapa.

5) Orgullo de la identidad y el "coming out": El sentimiento de orgullo es el resultado de aceptar la propia homosexualidad y rechazar la homofobia social como algo inválido. Este sentimiento puede estar acompañado por una devaluación de las personas heterosexuales. Lo más destacado de esta etapa es el "coming out" o salir del clóset, proceso por el cual la persona gay o lesbiana anuncia su homosexualidad a personas significativas como sus familiares o amigos cercanos. El "salir del clóset" es visto como una estrategia adaptativa, ya que reduce la disonancia en el individuo y afirma su propia imagen. El "salir del clóset", sin embargo, está mediado siempre por factores externos tales como la seguridad que ofrece el ambiente en el que se vive y qué tan bien pueden los otros aceptar la noticia. Es importante hacer notar que el "salir del clóset" es un proceso continuo y a largo plazo para la gente gay y no un evento único como se suele pensar. Decidir salir del clóset requiere un continuo esfuerzo que dependerá de las nuevas situaciones que se presenten y la toma de decisiones que se deben enfrentar a diario.

6) Síntesis de identidad: La última etapa es la de síntesis, y se refiere al reconocimiento de que las actitudes hacia los heterosexuales son ahora integradas (tanto buenas como malas), en un enfoque más maduro sobre el mundo. La otra característica importante de esta etapa es la congruencia cada vez mayor en la vida del individuo, a saber: en el comportamiento, auto-imagen y el medio ambiente. Esta etapa está marcada por una coherencia del afecto, la conducta y la cognición de la persona en diferentes situaciones de vida. En otras palabras, la persona homosexual es finalmente integrada en su totalidad con independencia del medio ambiente en el que vive y al que se ha adaptado exitosamente.

Otros factores responsables de la homofobia internalizada

La edad, al parecer, también juega un papel importante en la homofobia internalizada (Mostade, 2004). Personas gay de edad avanzada, por ejemplo, pudieron vivir épocas difíciles en el pasado que cambiaron y moldearon la forma en que proceden actualmente con respecto a su sexualidad. Muchas personas de edad ocultan su homosexualidad porque en su época se vivía una fuerte opresión y rechazo hacia los homosexuales. Un ejemplo de esto lo muestra un titular que salió publicado en el New York Times en 1948, en donde decía:

"Sexual perverts who have infiltrated our government in recent years were perhaps as dangerous as the actual Communists"* (tomado de una cita de Katz, 1976).

(*Pervertidos sexuales —refiriéndose a los homosexuales— que se han infiltrado en nuestro gobierno en los últimos años han sido quizás tan peligrosos como los actuales comunistas).

Las implicaciones que tiene el sentimiento de homofobia internalizada son históricas, y eso explica en parte por qué muchos gays de edad avanzada han vivido toda su vida ocultando su verdadera preferencia sexual (Kimmel, 1978). Incluso hoy en día no es raro toparse con un caso así, aunque hay que reconocer que las cosas han cambiado drásticamente. Ahora existe una comunidad mucho más abierta, comprensiva y tolerante a las minorías sexuales, en comparación a 50 o 60 años atrás. No es, pues, un argumento general, ya que las políticas, creencias y niveles de cultura cambian drásticamente de una comunidad a otra; no obstante, el progreso científico y el creciente nivel educativo de estas poblaciones (gracias, por cierto, a la comunicación satelital) vuelven la vista a estos grupos que por tradición han sido objeto de rechazo y marginación para optar por una comprensión más detenida y cuidadosa de la realidad tras del escenario, y actuar con menos prejuicios y mayor objetividad.

Para las generaciones anteriores de gays y lesbianas ha sido más práctico no revelar su identidad sexual, pues con ellos se evitaban muchos problemas, entre los que contaban perder amigos, familiares o incluso el trabajo. Sin embargo, en la actualidad, esta estrategia se ha revertido. Ahora no sólo resulta más práctico revelar la identidad sexual, sino que implica además un alivio personal y la posibilidad de recibir apoyo por parte de otras personas (Mostade, 2004).

La homofobia internalizada, como el resultado de una forma de devaluación del sí mismo, ha sido ligada con un mayor riesgo de padecer dificultades en la salud mental (Meyer, 2003). Esta condición está relacionada con la evaluación negativa que se tiene de las minorías sexuales. Los individuos internalizan las creencias sociales negativas acerca de su atracción sexual y de sus experiencias sexuales, lo que provoca que confundan su identidad y su sí mismo.

Beane (1981) plantea que esta introyección de los valores negativos que la sociedad impone a la homosexualidad hace que su emoción por los sentimientos de atracción y placer que siente al estar con otros hombres decrezca. El hombre ha rechazado sus propios sentimientos y emociones porque le provocan culpa y vergüenza, y hasta puede pretender sentirse atraído por alguna mujer, con tal de evitar ser rechazado. Mientras introyecta los valores sociales, trata de ser algo que se supone debería ser, en vez de ser él o ella mism@. Con el paso del tiempo, sin embargo, se da cuenta de que el pretender no cambiará sus sentimientos ni emociones sexuales, lo que provoca que comience a odiar esa parte de sí mismo que la sociedad rechaza también. El resultado de esto se puede expresar muchas veces en el cuerpo de forma física o mental, dando como resultado comportamientos y estados patológicos como la depresión, estrés, alcoholismo y otras adicciones.

Cuando los hombres heterosexuales tienen relaciones sexuales con otros hombres.



¿Pueden los hombres hetero tener sexo con otro hombre y seguir siendo hetero?


Últimamente se ha hablando mucho sobre el "bromance" (según Wikipedia, acrónimo de la palabra 'hermano' y la palabra romance):

Las circunstancias actuales del bromance la separan de las prácticas más generales y homosociales románticas. Según Aristóteles (3000, A.C.) "se trata de aquellos que desean el bien de sus amigos por el bien de los amigos que son más amigos de verdad, porque cada uno ama al otro por lo que es, y no por ninguna cualidad accidental".

La investigación sobre la amistad y la masculinidad ha encontrado que las últimas generaciones de hombres criados por madres feministas en la década de los 70's son emocionalmente más abiertas y expresivas. También hay menos preocupación entre los hombres con la idea de ser identificados como homosexuales, y por tanto se sienten más cómodos explorando más profundamente la amistad con otros hombres.


Según la definición del diccionario urbano, el bromance se describe como un "amor complicado y afecto compartido por dos hombres heterosexuales". Pero, ¿y si los dos hombres deciden tener relaciones sexuales, quiere decir que son gay o bisexuales?

Cuando las muchachas hacen esto en el vídeo Girl Gone Wild de Madonna, no se les acusa de ser lesbianas o bisexuales latentes. Su orientación sexual no se especula en absoluto, ya que resulta. Pero esto es diferente para un hombre.

Comprendiendo a los hombres hetero que tiene sexo con hombres


Hay cada vez más evidencia de que no todos los hombres que tiene sexo con otros hombres son realmente gays o bisexuales. De acuerdo con el Centro para el Control de Enfermedades, más de 3 millones de hombres que se identifican como heteros tienen sexo secreto con otros hombres.

Una encuesta realizada en Nueva York, que apareció publicada en septiembre de 2006 en Annals of Internal Medicine reveló que casi uno de cada 10 hombres afirma ser hetero y tener relaciones sexuales ocasionales con otro hombre. Además, el 70% de esta población también afirma estar casado con una mujer. De hecho, el 10% de los hombres casados en la encuesta indicaron que han tenido conducta homosexual durante el año anterior.

Para poder comprender mejor a esta población, los terapeutas y clientes deben ser capaces de diferenciar cuatro términos que a menudo se confunden entre sí: a) identidad sexual y orientación sexual (), b)preferencia sexuale, c) fantasía sexual, y d)comportamiento sexual. Contrariamente al uso común, que no siempre están en consenso.

La identidad sexual y orientación sexual implica la propia identidad sexual y romanticismo, en donde los pensamientos, fantasías y conductas trabajan en armonía. Hay una "alineación" de los afectos, sentimientos románticos, psicológicos, espirituales y sexuales de deseo en las personas del mismo sexo o del sexo opuesto. La orientación sexual no cambia con el tiempo. Uno de los comportamientos sexuales y las preferencias pueden cambiar, pero al igual que el temperamento, la orientación sigue siendo estable. El término (identidad sexual y orientación) también se refiere a cómo una persona se identifica a sí misma, y no como la han categorizado los demás. Así, algunas personas se identifican a sí mismas como heterosexuales, mientras que otros se identifican como gays, lesbianas o bisexuales (o indecisos). Es importante que un psicoterapeuta le pregunte a su cliente cómo se identifica a sí mismo, sin importar con quién tiene relaciones sexuales.

Las preferencias sexuales se refieren a actos sexuales, posiciones y escenarios eróticos sobre los que hay preferencia durante su actividad sexual. El término toma en cuenta lo que a las personas les gusta hacer en el sexo, y no necesariamente con quién les gusta hacerlo. Las preferencias e intereses eróticos pueden cambiar con el tiempo, ya que uno se puede volver más abierto o cerrado a ciertos pensamientos y conductas.

Las fantasías sexuales son los pensamientos que encontramos excitantes. Pueden abarcar cualquier cosa: posiciones sexuales, encuentros románticos, partes del cuerpo, ropa, fetiches de zapatos o pies, incluso la violación. Las fantasías sexuales no son necesariamente representadas, de hecho, en la mayoría de casos no lo son.

El comportamiento sexual se refiere a cualquier comportamiento destinado a complacerlo a uno y/o a su pareja. No necesariamente refleja la propia orientación. Por ejemplo, los hombres que están en prisión se involucran en conductas sexuales con otros hombres, pero lo hacen por necesidad sexual, no por interés erótico en otro hombre. Desean alcanzar el comportamiento y la liberación sexual, dejando de lado el género de la pareja.

Los hombres heterosexuales que tienen sexo con otros hombres, no buscan encuentros románticos ni actúan en función de una atracción sexual per se, o deseo, sino más bien se trata de una excitación sexual y necesidad fisiológica que busca satisfacer con otro hombre que esté accesible. No hay un deseo sexual que lo excite mirando a otros hombres, sino más bien se trata sólo del acto sexual. La pregunta es: ¿si no se activa el deseo por otros hombres, cómo es posible tener relaciones sexuales con estos?

Estas personas, normalmente, quieren vincularse con otros para obtener el afecto de los demás. Su comportamiento puede reflejar un deseo de experimentar, de participar en algo que es tabú, o una manera de expresar un conflicto psicológico que esté afectando actualmente sus sentimientos y deseos sexuales que no tienen nada que ver con tener una identidad gay o bisexual.

Aquellos hombres heteros que tiene sexo con otros hombres lo hacen por una variedad de razones. Algunos han sido víctimas de abusos sexuales y recrean compulsivamente el trauma vivido durante la infancia, otros encuentran la liberación sexual con otro hombre que es más accesible, otros lo hacen porque consideran que es más fácil y requiere menos habilidades sociales que los exigidos por una mujer. Otros son "gay for pay" obteniendo beneficios económicos significativos; otros buscan la atención de otros hombres, por tener sexo anal (muchos heteros disfrutan del sexo anal) ya que les avergüenza pedírselo o hablar al respecto con su pareja femenina.

Publicado por Joe Kort
Más información en: www.StraightGuise.com
Traducción: Psico-Asesoría Enlínea

Encuesta revela experiencias gays de hombres heterosexuales.


Uno de los morbos más clásicos entre los varones gays es el de “tener sexo con un varón hétero”. 
Desde aquel compañerito de escuela que despertaba nuestras más creativas fantasías, hasta el más bueno del vestuario del gimnasio, siempre, siempre, tiene que haber algún hétero dando vueltas por ahí, que nos robe un suspiro, aunque nos lo recriminemos más tarde, porque, claro, sabemos que cualquier intento terminaría en fracaso. O acaso no sea tan así…
Nada es tan blanco ni tan negro. No todos los heterosexuales se cierran ante la posibilidad de explorar nuevas y diferentes sensaciones. Y para probarlo, el site de contactos OK Cupid realizó un sondeo entre 252.900 miembros identificados como heterosexuales. Al menos un cuarto de ellos (23%) ha reportado algún tipo de experiencia con otros hombres. Más específicamente, el 17% tuvo alguna vez un encuentro con otro hombre y lo disfrutó, mientras que el 6% probó pero no le gustó. Pero esto no es todo. Además, hubo un 11% que confesó que, si bien nunca tuvo ninguna experiencia gay, cree que la disfrutaría.
Podría decirse que esta encuesta no hace más que comprobar la famosa escala del biólogo Alfred Kinsey (1948), quien sostenía: “El varón no es quien representa estas dos poblaciones distintas, heterosexual u homosexual. Mientras enfatizo la continuidad de los grados entre las historias de los exclusivamente heterosexuales y los exclusivamente homosexuales, ha parecido deseable el revelar algunos tipos de clasificaciones que podrían estar basados en montones de experiencias heterosexuales y homosexuales, o las reacciones en cada historia. A un individuo le puede ser asignada una posición en esta escala, para cada periodo en su vida. Una escala de siete puntos está más cerca de mostrar los muchos grados que actualmente existen”.
El morbo gay sobre el sexo con héteros ha sido ilustrado por centenares de libros, películas y series, como así también, más recientemente, por varios portales en Internet para adultos. Un ejemplo de ellos es Broke Straight Boys, que promete mostrar el “quiebre” de hermosos hombres heterosexuales, pero a través de dinero.
Fuente | Sentido G

Científicos afirman que la bisexualidad masculina existe.


Un estudio científico confirmó la existencia de la bisexualidad masculina. Investigadores de la universidad de Northwestern en Chicago, EU, encontró evidencias de que algunos hombres se sienten atraídos sexualmente tanto por mujeres como por varones.
La investigación, publicada en la revista Biological Psycology, desdice otro polémico estudio realizado en 2005, también por investigadores de Northwestern, que ponía en duda la existencia real de la bisexualidad masculina. 
Esta conclusión indignó a los hombres que dicen tener esta orientación sexual, ya que reforzaba el estereotipo del bisexual como un homosexual que todavía “no había salido del armario”.
En este nuevo estudio fueron reclutados voluntarios presuntamente bisexuales en foros y lugares de reunión online, frecuentados normalmente por personas con estas tendencias. Asimismo fueron divididos en aquellos que habían tenido relaciones físicas con al menos dos personas del cada sexo y aquellos que habían sostenido un romance de tres o más meses.
Sensores en los genitales
Los participantes vieron vídeos en los que aparecían hombres y mujeres en actitudes sexuales, mientras que sensores detectaban una posible erección. Los investigadores comprobaron que la respuesta física de algunos se producía al ver imágenes tanto de hombres como de mujeres.
Los hombres bisexuales del estudio demostraron patrones de excitación subjetiva y genital, la investigación podría ayudar a entender la etiología y el desarrollo de la orientación sexual masculina.
@Excelsior_mex

La monogamia causa más felicidad que la promiscuidad.



Monogamia-felicidad, promiscuidad-depresión es la doble correlación que concluye un estudio realizado por los sociólogos Mark Regnerus y Jeremy Uecker, publicado a principios de este año bajo el título “Premarital Sex in America”. 
A un año de la aprobación del matrimonio igualitario en Argentina, y un mes después de que la misma ley entrara en vigencia en Nueva York, ¿será el compromiso la clave de la felicidad? Algunos formadores de opinión sostienen que los hombres gays no podrían sostener una relación monogámica. ¿Estaremos condenados a la depresión?
La investigación de Regnerus y Uecker analiza el comportamiento sexual entre los adultos jóvenes contemporáneos (18-23 años), encuentra una correlación significativa entre el control de la sexualidad y el bienestar emocional, entre la monogamia y la felicidad, y entre la promiscuidad y la depresión. Los autores se basan en dos conceptos centrales: los “rituales sexuales”, esas reglas no escritas y a menudo inconscientes que guían el comportamiento sexual, y la “economía sexual”, una teoría que sugiere que la relativa escasez de hombres en las universidades contribuye a aumentar su “demanda” por parte de las mujeres y, por ende, a disminuir el “valor” que ellos asignan al compromiso en una relación.
Como era de esperarse, semejantes conclusiones desencadenaron comentarios a favor y en contra, que todavía hoy se continúan respondiendo y contraargumentando. Uno de los defensores de este estudio es el periodista Ross Douthat, quien en su columna del New York Times ha ido incluso más allá, al destacar dos fortalezas de la monogamia en las relaciones heterosexuales: que la correlación monogamia-felicidad sería más fuerte en las mujeres, y que la unión entre un hombre y una mujer tiene como objetivo la producción directa de bebés. Son dos razones por las que el periodista afirma, además, que una relación entre hombres gays está destinada a fracasar, y que los matrimonios gays socavan la institución, incluso para las parejas heterosexuales.
Por su parte, el escritor John Corvino le ha respondido a Douthat directamente en su columna “The Gay Moralist”, tranquilizándolo respecto del riesgo que sufriría el matrimonio heterosexual a partir del homosexual. “Permitir que los gays se casen no cambiará el hecho de que el sexo heterosexual produzca bebés directamente, o que sus relaciones incluyan a una mujer”, ha declarado Corino. “Asimismo, no cambiará el hecho de que al menos la mitad de las parejas del mismo sexo sean mujeres”.
Se calcula que en Argentina se han celebrado alrededor de 2.700 casamientos igualitarios, el 60% de los cuales han sido parejas de varones. Si, de acuerdo con los razonamientos de Douthat, son parejas condenadas al fracaso, ¿qué será lo que los empujó hacia tal sinsentido? ¿El pánico a la depresión? ¿La testarudez? ¿Un capricho? ¿O el amor?
Fuente | Sentido G

Un hombre puede tener sexo con otro hombre sin ser homosexual.



El sexólogo Joe Kort afirma que hay algunos “perfiles” de hombres, que sin ser homosexuales, tienen sexo con otros hombres.
Kort ha estudiado estos casos y explica que en estos hombres no existe factor alguno de homosexualidad o bisexualidad como tal.
Los perfiles de estas personas están relacionadas con factores como traumas psicológicos, económicos y, hasta enfermizos, razones por las cuales no habría que llamar gay a un hombre que tenga alguna de las siguientes etiquetas:
1. Víctimas de abuso sexual en la infancia: También conocida como “impresión homosexual”, se da cuando un varón es abusado sexualmente en la infancia, al crecer recrea el abuso en su comportamiento sexual para intentar “sanar” el dolor emocional sufrido. Si este individuo recibe apoyo psicológico y logra ser consciente de su condición, este comportamiento sexual puede ceder, ya que no está motivado por el deseo sexual hacia otro hombre, sólo se trata de un trauma pasajero.
2. Trabajadores sexuales: Estos hombres heterosexuales participan voluntariamente en relaciones sexuales con otros hombres por la recompensa económica, únicamente. Su libido se despierta sólo como impulso sexual (como en la masturbación). Al parecer un factor de excitación es el dinero, pues es bien sabido que en la industria porno ganan más los hombres que tienen sexo con otros hombres, que los que graban videos sexuales con mujeres.
3. Hombres que buscan desesperadamente experimentar con su sexualidad: Los hombres bajo este perfil, buscan experimentar con conductas sexuales que la mayoría identifica como conductas homosexuales. Algunos de ellos evitan el contacto sexual directo con hombres, pero lo sustituyen experimentando con dildos y otros juguetes sexuales, que a sus parejas femeninas incluso les parecen aceptables.
4. Primerizos: Por lo general en la adolescencia algunos varones se involucran entre sí para tener su primera experiencia sexual. Esto se puede extender hasta los 25 años de edad sin considerarse homosexualidad como tal. Es un simple ejercicio de satisfacción sexual.
5. Falta del padre: Se trata los hombres heterosexuales que anhelan el afecto y la atención de sus padres y buscan relaciones sexuales con hombres, como una forma de conseguir aquello de lo que carecieron en la infancia: crianza masculina y aceptación de su progenitor.
6. Atraídos sexualmente hacia los hombres, pero emocional y románticamente hacia las mujeres: Son hombres que se sienten atraídos emocionalmente hacia las mujeres, salen con ellas y tienen noviazgos heterosexuales. Aunque pueden llevar una vida sexual con las mujeres que aman, su verdadero y más apasionado deseo sexual es despertado por otros varones.
7. Narcisistas: Son hombres heterosexuales que viven absortos en sí mismos y tienen una necesidad constante de atención y aceptación, utilizan la sexualidad con otros hombres para ser adorados.
8. Adictos sexuales: El comportamiento “gay” puede ser el resultado de la adicción sexual. Pero incluso aquellos que se hayan “curado” podrían seguir sintiendo atracción por otros hombres, como les pasa a los sacerdotes célibes homosexuales.
9. Complacientes fantasiosos: A estos hombres les gusta complacer a sus parejas femeninas, quienes tienen la fantasía de que sus hombres mantengan relaciones sexuales con otros hombres frente a ellas. Para estos hombres es placentero sentirse “humillados” por otro hombre mientras su pareja femenina los ve.
10. Exhibicionismo: En este grupo tenemos a algunos culturistas o aficionados al gimnasio, quienes aunque no mantienen relaciones sexuales con otros hombres, gustan de coquetear entre ellos para obtener mayor atención y admiración sobre el trabajo físico que realizan en sus cuerpos.
11. Liberación sexual en la cárcel: Existen hombres que al estar encerrados en prisión,deciden mantener vidas sexuales con otros hombres. Esto ocurre simplemente porque resulta su única o más inmediata opción para satisfacer su deseo sexual. Una vez puestos en libertad, estos hombres siguen su vida como antes de entrar a prisión.
Estos perfiles son una pequeña muestra de lo compleja que es la sexualidad del hombre. Al final del día cada individuo es responsable de ejercer su sexualidad como mejor le parezca. Aunque podemos ponerle muchos adjetivos y buscar muchas explicaciones, las respuestas pueden ser más simples de lo que pensamos, Freud a menudo decía: “A veces un cigarro es sólo un cigarro”.
Con Información de @ManhuntEspanol
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Religión, Homosexualidad y Activismo

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