“Ver el mundo en blanco y negro nos aleja de la moderación y de la paz interior porque la vida, por donde se mira, está compuesta de matices.

Querer imponer al universo nuestra primitiva mentalidad binaria no deja de ser un acto de arrogancia y estupidez.”

Walter Riso.

lunes, 27 de junio de 2011

MANIFIESTO DÍA DE LA DIGNIDAD LGBTI.



En el marco del 28 de Junio como Comunidad Cristiana Ecuménica Inclusiva queremos reivindicar la palabra dignidad.

La iglesia no es un tribunal, ni un patíbulo que se encarga de enjuiciar y sentenciar a quienes por diversas razones se ven cara a cara con el sufrimiento. La iglesia está conformada por seres humanos que también buscan ser sanad*s. Por tanto, nadie está más sano que otr*, sino que en comunidad buscamos caminar hacia la vida que solo el Creador puede ofrecer y dar. Y esta no le pertenece, ni la da la iglesia; su función es facilitarla y acompañar a tod*s los que la necesitan.

Para ello la iglesia debe propiciar un ambiente de aceptación e inclusión, y no de rechazo y marginación; un ambiente donde todas las personas, independientemente de su condición de salud, económica o cultural, puedan sentirse parte de la comunidad de fe.

Y hablamos de comunidad con todas las implicaciones que el término encierra en lo referente a relaciones, solidaridad, convivencia, compañerismo y participación.

Es decir, la iglesia no puede ser sanadora, si antes no es comunidad. La aceptación se realiza a la luz de la dignidad de la persona como criatura de Dios, y no de su comportamiento.

Por obligación y por obediencia a Jesús, la iglesia tiene que hacerse próxima (prójimo) a tod*s aquellos que sufren por diversas razones y sin distinciones de ningún tipo: Ni sociales, ni económicas, ni sexuales, ni religiosas, ni culturales, ni raciales, ni de cualquier otra índole.

La iglesia tiene por vocación y por obligación la tarea de ponerse al alcance de tod*s, no para juzgarles.
Los grupos vulnerables también han sido asaltados en el camino y experimentan el distanciamiento de muchas personas, por considerarlos una amenaza o simplemente para que no las relacionen con ellos.

Por eso encontramos en el camino a personas con VIH, con diferentes orientaciones sexuales, trabajadoras sexuales, usuarios de droga o alcohol, amas de casa, estudiantes, niños, mujeres, hombres, con diversos rostros y diversas historias.

¿Qué actitud tomará la iglesia? ¿Seguirá de largo? ¿Se detendrá a hacer preguntas y a condenar? O ¿Se pondrá al alcance de tod*s los que sufren, elemento indispensable para abrirnos camino a la vida eterna, según las palabras de Jesús? ¿Cuánto saben nuestros líderes acerca de todas estas situaciones? ¿Qué lugar ocupa el tema en las agendas de trabajo de nuestras iglesias? Estas preguntas, como cualquier inquietud que surge desde las realidades de la vida, no tienen respuesta sino a partir de una inserción consciente en dichas realidades.

En otras palabras, no pueden darse respuestas desde el escritorio. Juan Mackay nos hablaba de la teología del camino en contraposición de la teología del balcón. El camino es la realidad misma que nos da una perspectiva desde adentro; el balcón, es la pretensión de dar soluciones preelaboradas, sin contacto con la realidad. Jesús fue el mejor teólogo del camino que conocemos; los fariseos, los mejores exponentes de la teología del balcón.

César Sequera Núñez
Líder Pastoral Iglesia de la Comunidad Metropolitana de Caracas.

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