“Ver el mundo en blanco y negro nos aleja de la moderación y de la paz interior porque la vida, por donde se mira, está compuesta de matices.

Querer imponer al universo nuestra primitiva mentalidad binaria no deja de ser un acto de arrogancia y estupidez.”

Walter Riso.

lunes, 18 de abril de 2011

COMUNICADO:


Sr. Eduardo Monzón

Periodista Columnista Notitarde.

Presente.-

En respuesta a un artículo publicado por Usted de fecha 17 de abril de 2011 en el periódico NotiTarde realizamos la siguiente replica:

Según la Iglesia católica, Dios tiene un Plan para la humanidad: “Creced y multiplicaos”, tal como dice el Génesis. Ese Plan se lleva a cabo mediante la sexualidad. Cualquier otra finalidad que se le busque fuera de la reproducción queda también fuera del Plan de Dios y por lo tanto es pecaminosa. La homosexualidad no es reproductiva, por lo tanto no tiene cabida dentro del Plan de Dios. Podemos encontrar en el Levítico alguna condena de la relación “hombre con hombre como con mujer”, que no entre dos mujeres, incluso a ser reos de muerte. Como figura en las Sagradas Escrituras, se confirma esa condena y fin de la historia.

Profundizando en las raíces teológicas de la condena a la homosexualidad, debemos fijarnos en varios aspectos. En primer lugar, es muy importante destacar que Jesús denuncia numerosas injusticias del tiempo en que vivió, sin embargo nunca condena la homosexualidad, ni siquiera la menciona. Por otro lado, si nos remontarnos unos cuantos siglos posteriores a su época y nos fijamos en las corrientes filosóficas que inspiran esta condena, podemos descubrir todo el entendimiento de la moral sexual cristiana de entonces, y que nos da explicación a las condenas morales actuales que defiende la Iglesia Católica.

Vamos a fijarnos en el siglo IV, y en concreto a un personaje trascendental para el surgimiento de esta ideología: Agustín de Hipona. Tras sus años atormentados de libertinaje sexual y sentimientos de culpa vividos en el norte de África, sufre un proceso de conversión que le lleva a escribir sus Confesiones, planteando desde entonces su filosofía, inspirada en las teorías de Platón. Agustín transforma el mundo de las formas en el mundo corporal. Le atribuye todas las imperfecciones existentes en el ser humano, el pecado. Por otro lado, relaciona el mundo de las ideas con el mundo espiritual, al cual el ser humano debe tender. El problema que plantea es que al mundo espiritual hay que llegar limpio, sin pecado. Por lo tanto, el hombre debe desprenderse de todo lo existente en el mundo corporal porque se convierte en pecaminoso, y le impiden alcanzar a Dios. Esta teoría lleva también a la separación entre cuerpo y alma. El cuerpo, lo imperfecto, hay que castigarlo para que el alma se purifique. Así, derivando, también llegamos a disociar entre sexualidad y afectividad. La afectividad es el sentimiento hacia la persona, y por lo tanto eso es puro. El sexo es corporal, y por lo tanto pecaminoso. Su práctica se rescinde únicamente al cumplimiento del Plan de Dios (“Creced y multiplicaos”), condenando cualquier otra finalidad. Además, la mujer es creada para el hombre, y no se considera que tenga alma. Su única finalidad es procrear, pero tiende también a tentar al hombre. Por lo tanto, hay que evitar esa tentación para que el hombre pueda salvarse. Podemos también hablar de otros conceptos. Por ejemplo, la naturaleza humana está basada en el fin reproductivo, y por lo tanto, todo lo anti-reproductivo es antinatural. De ahí la condena del uso del preservativo o cualquier otro método anticonceptivo. En el mismo sentido, la homosexualidad también es antinatural. Otro término muy utilizado es el de la pureza. En el momento que una persona haya realizado el acto sexual deja de ser pura (o virgen en el caso de la mujer) y ya no es digna de subir al altar a celebrar los sacramentos. Por eso, un sacerdote debe guardar el voto de castidad. La mujer, ya de por sí considerada impura, nunca podrá ser sacerdotisa.

Difícilmente es de entender la postura actual de la Iglesia católica si no planteamos sus orígenes. Es importante destacar la celebración de uniones entre personas del mismo sexo en las primeras comunidades cristianas, tal como afirma John Boswell en Las Bodas de la Semejanza, debido a las raíces culturales de algunas mediterráneas, como la griega y la romana. Pero el concepto actual, ¿por qué no evoluciona? Probablemente ese inmovilismo se produce porque la Iglesia Católica se ha convertido en una enorme estructura y funciona como una armadura pesada y oxidada que le cuesta mucho articularse. Así, esta postura queda estancada por cuestiones no ya de índole religioso, sino más bien sociales y culturales. Ello, sumado al gran poder de arrastre que tiene en la utilización de la “Verdad Absoluta”, le ha llevado en muchas ocasiones a refugiarse en el poder, derivando en despotismos, caciquismos y usurpaciones de derechos que han provocado el sufrimiento de pueblos enteros sometidos a la tiranía de unos pocos. Y lo que es peor todavía, se utiliza el nombre de Dios para continuar situaciones de injusticia e intolerancia. Posiblemente ese problema es el que a otras corrientes, con mucha menos jerarquía organizativa y menor capacidad de convocatoria, les ha permitido evolucionar y situarse de forma más abierta y conciliadora frente a ideologías y cuestiones actuales.

El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) excluyó la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud.

Los dirigentes de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría (APA) habían votado previamente de manera unánime retirar la homosexualidad como trastorno de la sección Desviaciones sexuales de la segunda edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (el DSM-II) en 1973.

Como se puede ver lo antinatural de los actos homosexuales, según los fundadores del cristianismo, es tener sexo que no conduzca a la reproducción. San Pablo y Santo Tomás se toman muy en serio el precepto del Génesis de "multiplicaos y henchid la Tierra." Esta idea no está para nada desterrada de la mentalidad católica, pues como lo anunciaba el papa Juan Pablo II por medio de un documento firmado también por el actual pontífice, entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) en julio de 2003:

"El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural. Los actos homosexuales cierran el acto sexual al don de la vida"

Reducir el matrimonio al fin reproductivo es fruto de una mirada muy estrecha. Sexualidad es mucho más que el acto sexual, y una relación de pareja es mucho más que sexo y propagación de los genes. ¿Entonces, que decir de un matrimonio en el que uno o ambos conyugues sea estéril? ¿Ya no sería "natural"? ¿No sería posible el matrimonio entre adultos mayores que se amen por el hecho que ya no puedan tener hijos? ¿No debe ser el amor sincero, "el ágape de los griegos," lo que hace natural una unión? Ahora la misma institución bimilenaria se escandaliza porque una mujer agredida físicamente por su esposo se divorcie. Eso, para ellos no es antinatural.

Resulta muy curioso que sean los hombres que han renunciado a algo tan natural como el sexo, y que consideran todo acto sexual como intrínsecamente pecaminoso quienes precisamente se tomen el derecho de decirle a la humanidad que es lo correcto en sexualidad. Es como poner a un grupo de anoréxicos a que le den normas de nutrición al resto de la humanidad.

El humanismo secular busca respuestas a las situaciones sociales, éticas y morales por medio del uso de la razón, teniendo en cuenta el bienestar y dignificación del ser humano, y dado que el humanismo secular se basa en la razón se dejan de lado las posiciones que se fundan dogmáticamente en líderes religiosos, libros sagrados o tradiciones incuestionables. De esta manera el humanismo secular considera que los estudios recientes de psicólogos y médicos sobre la homosexualidad, que han retirado el calificativo de enfermedad mental o depravación a la homosexualidad deben hacernos reflexionar sobre la aceptación de los gays y lesbianas como ciudadanos libres de elegir su forma de vida. El humanismo secular también ve la exigencia de leyes antidiscriminación, y de derechos de protección social y jurídica para las parejas de homosexuales como una consecuencia propia del desarrollo y extensión de las libertades individuales en una sociedad democrática liberal.

Después de los estudios sobre la homosexualidad y la sexualidad en general que han adelantado investigadores como Máster y Johnson o Alfred Kinsey podemos decir que la discusión sobre si los actos homosexuales son naturales o "contra natura" reflejan más el grado de desarrollo y tolerancia de la sociedad que el estado real de la naturaleza.

La discriminación es una forma de violencia pasiva; convirtiéndose, a veces, este ataque en una agresión física. Quienes discriminan designan un trato diferencial o inferior en cuanto a los derechos y las consideraciones sociales de las personas, organizaciones y estados. Hacen esta diferencia ya sea por el color de piel, etnia, sexo, edad, cultura, religión o ideología.

Los individuos que discriminan tienen una visión distorsionada de la esencia del hombre y se atribuyen a sí mismos características o virtudes que los ubican un escalón más arriba que ciertos grupos. Desde esa "altura" pueden juzgar al resto de los individuos por cualidades que no hacen a la esencia de estos. Muchas veces este rechazo se manifiesta con miradas odiosas o con la falta de aceptación en lugares públicos, trabajos o escuelas, acciones que afectan a la persona rechazada.

El prejuicio a cierto tipo de comunidades hace que los individuos que pertenecen a estas sean prejuzgados antes de ser conocidos. Son generalizados y rechazados. La intolerancia, el rechazo y la ignorancia en la mayoría de los casos son determinantes para el nacimiento de conductas discriminatorias.

El artículo 59 de la Constitución establece que "el Estado garantizará la libertad de religión y de culto. Toda persona tiene derecho a profesar su fe religiosa y cultos y a manifestar sus creencias en privado o en público (...) Así vemos cómo, sin ser un Estado confesional, Venezuela garantiza la libertad de culto. El mismo artículo añade que "nadie podrá invocar creencias o disciplinas religiosas para eludir el cumplimiento de la ley ni para impedir a otro u otra el ejercicio de sus derechos".

El Estado laico es una conquista histórica que no termina de hacerse efectiva en Venezuela, pues aún no logramos deslastrarnos del legado del Estado confesional de fe católica.

La religión tiene su espacio natural en las iglesias y templos, y no debe apropiarse de otros espacios, como en este caso ocurrió con el Poder Judicial, en donde sólo una dama debería ser objeto de culto, y es aquella que vendada, blande una espada y sostiene una balanza: la justicia.

La Iglesia de la Comunidad Metropolitana es una Comunidad Cristiana Ecuménica Inclusiva y entre sus objetivos están:

Defensa y promoción de los Derechos Humanos de las minorías sexuales excluidas velando porque estos derechos no sean menoscabados por creencias o instituciones religiosas que invocando dogmas pretendan fundamentar o justificar actos discriminatorios.

La Iglesia de la Comunidad Metropolitana fundada por el Pastor Troy Perry en el año 1968 en la ciudad de los Ángeles, California EEUU un año antes de los Disturbios de Stonewall en 1969.

ICM ha sido vanguardista en los movimientos de derechos humanos y civiles y ha puesto en la mesa de debate importantes temas como el racismo, sexismo, homofobia, discriminación por causa de la edad, y otras formas de opresión llevando un Ministerio a grupos Vulnerados como lo son las Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (LGBTI).

En Venezuela sus comienzos datan desde el año 1995 con el auspicio del Movimiento Ambiente de Venezuela, grupo homosexual pionero en la lucha y la reivindicación por nuestros derechos humanos.

Nos unimos a los distintos pronunciamientos emitidos por grupos cristianos, pastores, sacerdotes y religiosos/as en otras latitudes que plantean otras voces dentro del seno de las Iglesias, a favor de la inclusión, la no-discriminación y el respeto y valoración de la diversidad, convencidas/os de que el Dios en el que creemos, padre-madre nuestro, ama a todos sus hijos e hijas.

En fidelidad a nuestras opciones como colectivo y comunidad ecuménica, no queremos dejar de mencionar que el derecho al matrimonio es parte de un conjunto de derechos que también son negados sistemáticamente a la comunidad LGBTI, como a tantos hermanos/as más pobres. En este sentido, nuestra cercanía con las realidades de marginación y exclusión y nuestro compromiso con el pueblo empobrecido, nos exige seguir denunciando la persistente desigualdad y discriminación existente en relación a derechos humanos fundamentales, tales como la salud, la educación, la vivienda y el trabajo. Consideramos necesario y urgente abogar con la misma fuerza por el efectivo cumplimiento de estos derechos. La “agenda de la vida”, nos recuerda que existen urgencias ocultas, que acompañan aquellas que logran visibilidad.

Por último hacemos un llamado a las comunidades cristianas a discernir sobre estos temas según el Espíritu de Jesús y los Signos de los Tiempos. Y a pronunciarse y luchar a favor de la plena vigencia de los derechos humanos, dejando de lado oscurantismos y metodologías temerarias propias de estructuras de poder que respondieron y responden a esquemas de dominación, control y sometimiento de personas, comunidades y pueblos enteros. Situación que muchos, lamentablemente, se empeñan en sostener, atentando contra la misma democracia, los derechos y la dignidad de las personas. El tema no está agotado y tenemos la sensación que estamos en etapas preliminares del mismo. Es necesario dar impulso a un debate con coraje y audacia, combatiendo con perseverancia nuestros prejuicios.

Porque, tal como lo dijo antes Desmond Tutu precisamente en referencia al apartheid, “si permaneces neutral en situaciones de injusticia has elegido el lado del opresor”.


Que el Espíritu, “que sopla donde quiere”, infunda en los cristianos y cristianas la humildad necesaria para escuchar y aprender de todas las ricas manifestaciones de la diversidad humana, expresión de la fecundidad de Dios. Creemos que será ése el camino para aportar una voz en sintonía con los sentimientos de Jesús.

Pastor. César Sequera Núñez

Líder Pastoral Iglesia de la Comunidad Metropolitana

Email: icmvenezuela@gmail.com

http://www.icmvenezuela.blogspot.com/

04143302060

@ICMVenezuela

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Religión, Homosexualidad y Activismo

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